Augusto Isla

GOTA A GOTA

La celebración

El 2 de julio del presente año, algunos amigos celebraron, jubilosos, el triunfo del líder tabasqueño. Yo, anclado en mi dichoso escepticismo, no compartí ese momento dionisiaco. Sólo quise reconciliarme con mi estupor. Tomé un libro de Cioran, a menudo, mi confidente. Y busqué en esas páginas dedicadas a Joseph de Maistre la reflexión que necesitaba: “Lo trágico del universo político reside en esa fuerza oculta que conduce a todo movimiento a negarse a sí mismo, a traicionar su inspiración original y corromperse en la medida que se afirma. Porque en política, como en todo, nadie se realiza sino a través de su propia ruina”. Y pienso en la Cuba Castrista, en la Bolivia de un Evo que se perpetúa en el mando; en la Nicaragua de Daniel Ortega, en la Venezuela de Chávez y su bastardo Maduro. Y ahora en Francia. Monumentos todos a la esperanza fatigada.

“Como en todo” ha escrito Cioran. Y viajo a las comarcas de Bertolt Brecht, a su obra de teatro “La boda”, escrita hace un siglo, que nos lleva del frenesí al desencanto. Pues aunque todos, los novios y los invitados, parecen preparados para un cambio, se ven atrapados en un caos, en un desorden patético. Así; Brecht enfrenta la crítica de la realidad y las contradicciones sociales. Cioran fue un misántropo; Brecht, un militante de izquierda.

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Sufragio efectivo, no reelección. Respeto a la división de poderes y al federalismo. Sí a la vida y a la libertad de expresión.

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