Augusto Isla

GOTA A GOTA

Las revelaciones

La segunda mitad del siglo XIX y la primera mitad del XX fueron de grandes revelaciones. Carlos Marx nos da cuenta del secreto que guarda el intercambio entre capital y trabajo: la plusvalía, que esconde la explotación de la clase obrera; Federico Nietzsche desentraña los malos humores con su ‘arte de la sospecha’; y Sigmund Freud penetra en el inconsciente, ese subsuelo oculto detrás de la
conciencia.

A propósito de Freud, cuya casa en Viena visité con mi hija, voy a referirme a una anécdota que tiene a bien narrarnos. Uno de sus pacientes le confiesa: “soñé que hacía el amor con una mujer… pero no era mi madre”. En esa aclaración, Freud advierte justamente el mecanismo de la represión como negación. Y me viene a la mente esa cascada de negaciones que brotan de los labios del tabasqueño que hoy gobierna este país. “Mi fuerte no es la venganza”…”No voy a reelegirme”…”Amor y paz”…“No soy autoritario”… Expresiones que deberíamos leer al revés según el discurso del genio vienés. Pues ¿Qué nos indican la cancelación del aeropuerto de Texcoco, la derogación de la reforma educativa sino una venganza? ¿Y qué la declaración de que no habrá de reelegirse si no la intención de hacerlo una vez aprobado en la consulta al ‘pueblo sabio’? ¿Y qué el amor y paz en un temperamento beligerante como el suyo, tan reacio a la libertad de expresión? ¿Y qué su rechazo al autoritarismo si su íntimo deseo es controlar, sin límite, el destino de la vida pública? Y evoco un refrán muy freudiano: “Aclaración no pedida, acusación manifiesta”.

Vuelvo a Freud. Claro que su paciente estaba reprimiendo su complejo edípico. Claro que era la madre con quien había soñado, pero lo negaba. En este sentido, ¡qué importante sería que nuestros dirigentes políticos emprendieran una introspección psicoanalítica para comprender sus manipulaciones! Pero endiosados como están, traficantes de sentimientos y resentimiento, crédulos dueños de la verdad, nunca lo harán, aunque los efectos de sus decisiones sean la ruina de millones de seres humanos.

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En homenaje a Javier Sicilia, rubricaré esta columna, mientras necesario sea con:

“Sufragio efectivo, no reelección”, respeto a la división de poderes y al federalismo. Sí a la vida y a la libertad de expresión.

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