Augusto Isla

GOTA A GOTA

El éxodo

La Biblia, en su segundo libro, nos narra el episodio aquel en que Moisés guía a los israelitas, a lo largo del desierto de la península del Sinaí donde el mismísimo Jehová se manifiesta y dicta sus mandamientos. Es el éxodo que significa la liberación de los hebreos esclavizados por los egipcios. La travesía es larga rumbo a la tierra prometida, la de Canaán. Cuarenta años, durante los cuales aquel pueblo enfrentará enemigos feroces y duras penalidades. Pero sólo verán esa tierra bendita una segunda generación, salvo Josué y Caleb que han permanecido fieles al señor. Ni siquiera Moisés, pues castigado por la divinidad por haberla agraviado, fallece antes de que sus ojos pudiesen contemplar el reino prometido.

Y así, como esa fuga salvífica, hoy, una multitud de inmigrantes, huyen del horror que azota a guatemaltecos, salvadoreños, hondureños. En una caravana nunca antes vista, cruza el espacio de México rumbo a los Estados Unidos, tierra que los dioses no les han prometido, pero donde creen encontrar una mejor vida. El sufrimiento de estos pueblos, al menos en los tiempos recientes, se remonta a los años 50s del siglo XX. Como lo señala Noam Chomsky, estas personas están huyendo del desastre y los horrores de las políticas de Estados Unidos. Como es el caso de Guatemala, cuando intervino y patrocinó un golpe de Estado militar contra un gobierno democráticamente electo. Y después las políticas terroristas de Reagan. Aparte de eso, el reciente fraude electoral en Honduras, las represiones en El Salvador. Sumado todo, Centroamérica es un infierno: pobreza, corrupción…

Ahora bien, ¿Por qué este inusual desplazamiento multitudinario? ¿Para protegerse unos a otros en su travesía mexicana? Sin duda. ¿Qué hizo posible el agrupamiento masivo? Arriesgo la hipótesis de que han sido las redes sociales. ¿Que se trata de grupos sociales muy pobres, vulnerables y de escasa educación? Sin duda también. Al menos en su paso por Querétaro han dejado constancia de ello: botellas de agua sin consumir, lo mismo que alimentos y medicinas, arrojadas aquí y allá. Y ahora Tijuana, crispada y en un callejón sin salida.

Seguramente estos inmigrantes desesperados tropezarán con el muro infranqueable de la policía y el ejército estadounidense. Acaso unos regresen a su hogar inhóspito, mientras otros decidan permanecer en este país. Amargura en ambos casos. Pues ni su patria ni México son la tierra de Canaán. Tampoco U.S.A.: sólo un sueño, un espejismo.

Comentarios

Comentarios