Augusto Isla

GOTA A GOTA

El odio

Hace días visité el Parque Bicentenario en esta ciudad nuestra. Fatigado me siento en un arriate. Junto a mí una pareja de jóvenes morenos conversan en inglés. Son deportados de la infamia de Trump, quien ahora decreta la expulsión de cientos de miles de mexicanos que llegaron a Estados Unidos siendo niños. Son los llamados dreamers, victimas del odio de ese advenedizo. Dice Francois de la Rochefoucauld que “cuando nuestro odio es demasiado vivo nos coloca por debajo de lo que odiamos”. Y es verdad, un sentimiento de inferioridad aqueja a ese hombre tan errático, eco de una masa que ostenta una supremacía racial, y algo más: una irritación por su propia existencia. Bendita circunstancia que el equilibrio de fuerza pueda resistir esta crisis humanitaria: Jueces, fiscales por doquier, amén de la lucha de esos jóvenes. Nuestra condena al dictador. Y nuestra solidaridad con quienes ven en Estados Unidos su hogar.

Que alguien recuerde a Trump que Jesse Owens, el relámpago moreno, hirió profundamente a Hitler en los juegos olímpicos celebrados en Berlín.

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