Augusto Isla

GOTA A GOTA

La pepena

Francisco I. Santamaría, en su “Diccionario de Mexicanismos” define la pepena como ‘La acción de recoger lo esparcido por el suelo’. Eso es lo que justamente hace Andrés Manuel López Obrador en su empeño de llegar a los Pinos. No importa de dónde proceden, si del PAN, si del PRD, si del PV. No sólo los acepta, así lo hayan injuriado en otros tiempos, sino los invita a sumarse a su causa de la ‘esperanza de México’.

En el mismo instante de tocar su manto, por así decirlo, sus otrora adversarios dejarán de pertenecer a ‘la mafia del poder’ y serán bendecidos. Bajo la bóveda de su maniqueísmo, él decide  quién es bueno y quién malo. Su poder es consagratorio; sus manos, purificadoras. Siempre ha sido así: un moralista. Detrás de un moralista se esconde un hipócrita o al menos un pícaro. La hipocresía nos remite a cierta solemnidad. AMLO es más bien un personaje de la picaresca. En la novela española de Siglo de Oro, el pícaro es una persona que vive de manera irregular, vagabundea, sin oficio ni beneficio engaña inpunemente. No carece de simpatía, sabe cómo atraer.

¿Y qué es lo que ha hecho durante años y años AMLO? Vivir de no se sabe que, vagabundear por todo el país, despertar expectativas. Y recientemente; ostentarse gracioso, gesticular con el “amor y paz”, recomendarle al presidente de la República medicamentos para que se serene. AMLO es un imán para los fatigados de nuestros males, para aquellos que le perdonan todo: su pereza intelectual, su ineptitud para articular un discurso coherente, su sintaxis minusválida. Un mesías pintoresco.

Tengo amigos que le siguen – y los respeto sin discutir. Pero también tengo otros que se han alejado no bien perciben su tufo autoritario, el sable de su rencor incontenibe. AMLO tiene su base de leales, pero al parecer no crece. Como me decía un amigo irónicamente: ‘Que Alá no lo permita’. Amén

Yo me aferro a lo que decía Lagnean: “el escepticismo es lo verdadero”

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