Augusto Isla

GOTA A GOTA

El compromiso

El 8 de marzo, día en que se conmemora el Día Internacional de la Mujer, compareció, en la conferencia matutina del presidente, Olga Sánchez Cordero. No tuve la oportunidad de escuchar su discurso, pero sí sus declaraciones a lo largo del día. Habló con pasión, con claridad: las mujeres siguen siendo víctima de discriminación social, económica. Y sobre todo de violencia emocional, física, sexual. Son millones las mujeres agredidas. De ahí la conmemoración. Como recordatorio, como advertencia en una sociedad falocrática y escandalosamente machista. Pero también inepta en materia educativa: el embarazo adolescente e incluso infantil dibujan un sociodrama lacerante. Olga se ha referido a todo esto y a la necesidad de políticas públicas que alienten un proceso civilizatorio.

Destaco su poder persuasivo. No sólo ha convencido al presidente de mantener el programa de refugios para mujeres víctimas de violencia extrema, sino de multiplicarlos. Se dice que AMLO no tiene contrapesos. Sí los tiene. Colaboradoras como Olga, con su valentía y sensatez, los encarnan. Y este ‘intelectual orgánico del viejo régimen’ que soy yo, la celebran. El presidente no necesita aduladores. Le sobran. Más le ayudarán a gobernar quienes contribuyen a enmendar la plana antes de que sea tarde.

También Olga se refirió al aborto. Aunque no es partidaria de la interrupción del embarazo en cualquier circunstancia, recordó que la ley la valida dentro de las doce semanas a partir de la concepción. El tema nunca dejará de ser controversial, así se someta a una consulta popular. Pues el asunto no concierne a la democracia, sino al derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo. Aunque, a veces también al destino de la vida que te trae a este mundo. Recuerdo a Ivonne Gobea, una monja brasileña que justificaba el aborto por la simple razón que era injusto procrear una vida para arrojarla a la miseria. Respeto su postura. Pero lo importante sería evitar esas condiciones sociales que prohijan tal determinación trágica. He de suponer que ese es el compromiso de Olga, consciente, tal vez, de aquello que pensaba Honoré de Balzac: ‘la mujer es una criatura encantadora que se quita el corazón, para entregarlo, con la misma nobleza como si se tratara de un guante.’ Pues que la maternidad es el más grande regalo de la vida, la alegría mayor como lo era el color para Claude Monet.

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Sufragio efectivo, no reelección. Respeto a la división de poderes. Sí a la vida y a la libertad de expresión.

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