El archivo personal de la escritora Rosario Castellanos, quien habría cumplido 101 años este lunes, constituye un “acervo vivo”, en enriquecimiento constante, a decir del hijo de la autora, el analista político e internacional Gabriel Guerra, quien prosigue en la integración de este legado antes de definir su destino.
“¿A qué me refiero con un acervo vivo?”, se pregunta en entrevista.
“A que no fue un archivo preparado con la visión y con la calma de alguien que ya sabe que está en sus años finales. A mi madre la muerte la tomó completamente por sorpresa y desprevenida, a los 49 años de edad”.
Nacida el 25 de mayo de 1925, Castellanos, una de las grandes intelectuales de México y quien incursionó con solvencia lo mismo en el cuento que en la novela, la poesía, el teatro y el ensayo, entre otros géneros, falleció el 7 de agosto de 1974 en un accidente doméstico en Israel, donde se desempeñaba como embajadora de México.
Hubo una mudanza de las pertenencias de la autora de Oficio de tinieblas cuando se instaló en Israel para esta labor diplomática —que comenzó en 1971—, relata Guerra al describir el periplo del archivo.
“En este primer proceso de gran mudanza, cuando nos vamos a Israel, algunas cosas se empacan, se guardan y se embodegan. Otras quedan en resguardo de amigos y otras se van para allá. Y luego, cuando ella muere, ocurre el proceso inverso, nada más que realizado por terceros.
“Yo tenía 12 años y estaba en México de vacaciones cuando ocurrió el accidente; no viajé a Israel y además no hubiera estado en condiciones de ordenar ningún tipo de mudanza ni de archivo”.
Al hojear ahora algún libro de aquel acervo, que él resguarda, Guerra descubre una carta o fotografías, por ejemplo. Aunque ningún manuscrito inédito ha encontrado hasta el momento, aclara.
Redescubrimientos del archivo
Por lo pronto, parte del acervo de la autora puede conocerse en Este minuto único y eterno: El archivo privado de Rosario Castellanos, libro que reúne cartas, fotografías y documentos, entre otros materiales.
Bajo la edición de la UNAM —de la cual la poeta fue profesora—, en colaboración con el Instituto de Investigaciones Bibliográficas, la Facultad de Filosofía y Letras y la Dirección de Literatura y Fomento a la Lectura, el volumen reúne materiales que permiten acercarse a la intimidad de Castellanos y recorrer su trayectoria como académica, periodista y figura fundamental en la cultura mexicana del siglo XX.
Un libro que, coordinado por Laurette Godinas, Diego Alcázar, Diana del Ángel y Andrea H. Reyes, puede adquirirse en www.libros.unam.mx.
Pero este título, lanzado por la Máxima Casa de Estudios en el marco del centenario de la también autora de la novela Balún Canán, sólo es un atisbo de un archivo que Guerra sigue redescubriendo.
“Estoy reencontrando más materiales que, creo, van a permitir que el acervo sea todavía más rico y todavía más impresionante, llamativo y valioso de lo que se pudo apreciar en la exposición”, comparte.
Guerra alude a la muestra Un cielo sin fronteras, Rosario Castellanos: Archivo inédito, que el año pasado exhibió por primera vez su archivo personal en el Antiguo Colegio de San Ildefonso, en el contexto del centenario.
Y si bien el internacionalista reflexiona sobre el destino del acervo de su madre, la decisión no apremia, puntualiza.
“Lo que más me interesa es, primero, un lugar digno y seguro y, en segundo lugar, que ofrezca visibilidad y acceso a quienes tengan interés académico, intelectual, cultural o simplemente curiosidad.
“Y si esos dos objetivos se pueden ligar con algún vínculo histórico o emocional de alguna entidad o institución, tanto mejor. No es una condición obligatoria, pero obviamente sería una ventaja añadida”.
—¿Ha recibido propuestas de alguna institución?
—He tenido un par de conversaciones. No hay algo formalizado todavía en ninguna parte y creo que ahorita estoy más en la fase de terminar de buscar y de revisar todo lo que tengo, para luego concentrarme en la decisión del lugar adecuado para el resguardo. No es algo inminente.
Mientras este archivo continúa revisándose, es posible que personas interesadas en la vida y obra de la autora puedan acceder a él, pero previa solicitud, precisa Guerra.
“Tendrían que contactarme, porque no está en algún lugar de acceso público”.





