“A nadie quiso tanto Rosario (Castellanos) como a sus alumnos en la UNAM; a ellos les dio todo”.
Así lo aseguró la escritora y periodista Elena Poniatowska, en el marco de la Fiesta del Libro y la Rosa de la UNAM —que terminó el domingo—, durante la presentación de un volumen que dedica a la poeta y diplomática, de reciente publicación bajo el sello del Fondo de Cultura Económica (FCE).
Poniatowska recordó que “Rosario siempre caminó al lado de sus estudiantes” y que en 1968 ella misma participó en algunos mítines estudiantiles “y los apoyó a todos”.
La escritora evocó detalles específicos de las clases de Castellanos en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, incluso el nada favorecedor horario en el que impartía sus clases: a las 16:00 horas —después de la comida—, conocida como “la hora de la siesta”.
“En su clase se oían las carcajadas de los estudiantes”, recordó.
“Todo el mundo se metía porque sabían que ella los iba a divertir, que no los iba a aburrir, que no iba a ser uno de esos maestros que agarran una hoja y la leen”.
El libro que Poniatowska dedica a la poeta se titula Rosario Castellanos: En los labios del viento he de llamarme árbol de muchos pájaros, y se trata de un homenaje a la autora y también académica que se adelantó a su tiempo con sus ideas y su escritura.
El volumen se adentra en la vida de la poeta, de quien el año pasado se conmemoró el centenario de su nacimiento, como “el mejor alegato para que todas las mujeres que tienen alguna vocación creativa sigan adelante y crean en sí mismas”.
En la presentación del volumen en la Fiesta del Libro y la Rosa, encuentro impulsado por la Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM, acompañó a Poniatowska Diana del Ángel, experta en la obra de Castellanos, quien señaló que el libro funciona tanto para quienes se acercan por primera vez a la obra de la autora de Balún Canán como para especialistas, pues recorre toda su vida de una forma ágil, casi como si Poniatowska conversara con los lectores.
“Nos deja ver a una Rosario Castellanos como una escritora compleja”, señaló Del Ángel. “Si no fuera por la entrega que ella tuvo a la escritura, el camino para quienes después, siendo mujeres, intentamos escribir en este país, no habría sido el mismo”, agregó.
UNA MUJER CON ALAS
Castellanos nació en la Ciudad de México en 1925, pero pasó su infancia en Comitán, Chiapas, estado al que siempre estuvo ligada y que entonces no era propicio para que una mujer se desarrollara profesionalmente.
“Fue una mujer que adquirió alas, empezó a volar y a creer en sí misma”, recordó Poniatowska. “Así fue brincando como una yegua, una yegua muy bonita”.
Poniatowska recordó que entrevistó a Castellanos en varias ocasiones en su casa de la Avenida Constituyentes, muy cerca del Bosque de Chapultepec; también la llegó a ver en Israel cuando era embajadora de México en ese país, donde falleció.
“Rosario tuvo el don de volvernos sus aliados, sus feroces y airados defensores, y convirtió sus letras en un timbre postal”, señaló.
Que Castellanos lograra ser embajadora de 1971 hasta su muerte, a los 49 años, por un accidente eléctrico en 1974, explicó la autora, se debía en parte a que tuvo una muy buena relación con María Esther Zuno de Echeverría, esposa del entonces presidente Luis Echeverría Álvarez.
Echeverría es señalado como responsable de la represión a las protestas estudiantiles de 1968 y 1971, situación que denunció Poniatowska a través de su libro La noche de Tlatelolco y en muchas otras instancias.
“Sí, tuvo una muy buena amistad con ellos”, dijo Poniatowska. “Es que todo en la vida es muy complejo, nada es totalmente blanco”.
Poniatowska agregó que Castellanos también se dio a querer por Golda Meir, “la gran estadista”, pero al hablar de Israel aprovechó para expresar su postura sobre el actual conflicto bélico en Gaza.
“Yo les digo que prefiero a Palestina”, dijo Poniatowska. “Toda la vida Palestina”.
ESCRIBIR, TEMA VITAL
Durante la presentación del volumen, Poniatowska, galardonada con el Premio Cervantes de Literatura y autora de libros como Hasta no verte Jesús mío, Leonora y La piel del cielo, también dedicó un momento a su propia labor en la literatura.
“El oído y el ojo son fundamentales para escribir, porque se escribe a partir de lo que uno siente, de lo que uno trae en el corazón”, señaló. “Yo creo que escribir no es sino compartir con los demás; escribir es parte de la vida”.
Y agradeció a Dios el ser bajita, porque eso le facilitó trabajar como periodista desde muy temprana edad.
“Lo que más me sirvió fue ser chaparrita, porque al ser muy pequeña yo no estorbaba; nadie se daba cuenta de que ahí estaba”, compartió.
Rosario Castellanos: En los labios del viento he de llamarme árbol de muchos pájaros ya se encuentra en las librerías de la red del FCE en todo el país, así como en otros puntos de venta.






