Andrés Garrido del Toral

DIVO

QUERETALIA

EL QUERÉTARO QUE PERDÍ

Subí de noche al cerro de Patehé (La Cantera) y desde el fraccionamiento Pedregal de Querétaro me puse a observar la luna más grande del año, el domingo tres de diciembre de 2017 y me quedé embelesado contemplando el viejo acueducto queretano, construido entre 1726 y 1735 con fondos municipales y de la señora marquesa de la Villa del Villar, Paula de Guerrero y Dávila, a la cual le pertenecía una gran riqueza y, que al contraer matrimonio con el alarife Juan Antonio de Urrutia y Arana, éste se hizo de los caudales y del título nobiliario por las machistas leyes españolas. O sea, que el famoso marqués dio braguetazo como algunos conocidos míos y hasta con el marquesado se quedó. Como constructor fue bueno, pues nadie le niega el mérito de haber dirigido la monumental y bella obra que condujo agua a Queretarín ¡hasta el año de 1967! Además de ser poco conocido de que los 80 mil pesos oro que puso para la construcción del acueducto eran de su señora, también se le inventa que hizo la magna arquería para llevar agua a las monjas pobres de Capuchinas porque estaba enamorado de sor Marcela, joven y bella, y que ella –aducen las malas lenguas queretanas- le puso como prueba de amor el llevarles el vital líquido. ¡Chinches chismosos somos los queretanos –y más los cronistas que repiten eso-, la verdad es que la tal novicia aspirante a monja ¡era sobrina de su mujer Paula! Dejo la Historia y llega a mi pensamiento lo siguiente:

¿Qué sería Querétaro sin su arquería monumental? –Me pregunto en una noche de desvelo y sin sueños, mucho menos guajiros. Ya terminé de leer las ingeniosas letras de Julio Figueroa y conté mil borreguitos y no concibo el sueño, a pesar de que me rocié con agua de Arcángeles y puse mi cabeza de Buda con fragancias tranquilizantes. Cansado de oír en la televisión y en la radio sobre la eliminación de las Güilas de Televisa y del chinche grupito F que le tocó a la selección mexicana de futbol soccer en el Mundial de Rusia 2018, decido mejor escribir estas reflexiones a mis cinco lectores. ¿Qué sería del paisaje de Santiago de Querétaro sin sus famosos “arcos”? Pues lo primero que me viene a la mente es que sería una lámpara sin luz, un reloj sin manecillas, una Biblia sin Jesús, pero acordándome que no me gusta la música norteña y corriente me contesto: ¡Venecia sin Ti!, parodiando a Raphael y al loco fabuloso de Joaquín Sabina.

Pero también pienso que mi ex Levítica Ciudad sin sus “arcos” sería como un pez sin agua, un borracho sin alcohol, como París sin Notre Dame y sin Torre Eiffel; sería como Hugo Sánchez sin su ego o Juan Gabriel sin ademanes o Aurelio Olvera Montaño sin su música por fuera. Sería como Jerusalén sin el Monte Gólgota o el Popocatépetl sin su Mujer Dormida o la fría Orizaba sin su Pico volcánico llamado Citlaltépetl. Querétaro sin su arquería parecería Isela Vega vestida o la Cicciolina rezando; Chabelita sin sus dudas o Memo Muñoz sin whiskie o acordeón; una Coca Cola a tiempo o un menudo frío; un Julio Figueroa sin crítica o Radar 107.5 sin Andrés Estévez; la prensa local sin Sergio Arturo Venegas Alarcón o la Diócesis de Querétaro sin don Faustino Armendáriz Jiménez; un usuario de Red Q o QroBus sin encaboronamiento o un Alex Lora sin guitarra.

Santiago de Querétaro sin su acueducto parecería la Rectoría sin el muy digno científico Gilberto Herrera Ruiz o la Estudiantina sin Yeyo Olvera Montaño o Los Cómicos de la Legua sin Hugo Gutiérrez Vega o la bendita Universidad Autónoma de Querétaro sin autonomía; sería como una biblioteca sin libros o un naco sin el Libro Vaquero o Los Tigres del Norte sin “Camelia La Texana”; se compararía a Tuca Ferreti sin bigote o sin su maldito carácter de los diablos o a dinosaurio priísta sin hueso; o a Nueva York sin la Estatua de la Libertad o a Barcelona sin su catedral medieval o sin su jugador estrella: Andrés Lionel Messi. A Noticieros Televisa sin el inmenso Joaquín López-Dóriga o a las películas mexicanas de güeras chango negro sin Rafael Inclán o Sasha Montenegro; a La Pregunta de los 64 Mil Pesos sin don Pedro Ferriz Santacruz o a Kojak y Alejandro Muñoz Gutiérrez sin su pelona; a Juan Torres sin su nórgano melódico o a Mario Arturo Ramos sin su poesía y sarcasmo; a San Juan del Río sin su mal llamado Puente de la Historia, a Cadereyta sin su Pilancón o a Colón sin su Basílica Menor de Soriano. Parecería Querétaro sin la arquería como “El Cachuchas” sin “La Yegua” o Roberto Quintanar sin cabrito o sin amigos bien cabritos; a Ramírez Álvarez sin corbatas exóticas, a “Noticias” sin Rogelio Garfias y a “El bueno, el malo y el feo” sin Morricone; al tango sin Carlos Gardel o al mambo sin Pérez Prado; a Manzanero sin su piano o a José Alfredo Jiménez sin alcohol y dolor; a Raphael sin Manuel Alejandro o a Capulina sin Viruta; a Juan José Ruiz sin Pp Calzada o a “El Monero” Carbajal sin el Restaurante 1810; a Sergio Pffeifer sin su cámara o a Joaquín Sanromán sin micrófono; a mi amigo Sergio Chufani sin obra o a un militar sin uniforme; a un marino sin mar o a un chofer de colectivo público sin mugre.

Sin Los Arcos mi ciudad tendría el aspecto de corralblanqueño sin acento “cantadito” o de Amealcense sin frío, ruso sin vodka o sueco sin sexo; de caribeño sin ritmo o de Cristo Jesús sin barba; de torero sin traje de luces y las pilas recargadas o de charro sin tequila; de albañil sin cuchara y peón sin plomada; de cebras sin rayas o tigre sin manchas; de Tigres sin Cemex o Rayados del Monterrey sin Femensa y BBVA; de Rafael Camacho Guzmán sin Estadio Corregidora o de Brozo sin peladeces inteligentes; de Polo Polo sin albur y Chabelo con la voz de Pedro Armendáriz; de Época de Oro del Cine Mexicano sin Jorge Negrete, Pedro Infante, María Félix o Dolores del Río; de Miguel Aceves Mejía sin falsete o Vicente Fox sin ocurrencias; de Mariano Palacios sin elocuencia, Enrique Burgos sin decencia o Manuel González Cosío sin eficiencia; de la familia Esquivel sin notaría pública o la familia Águila sin cenaduría; o de Varela sin bacinicas o la familia Cisnel sin tortería.

Sin “Los Arcos”“, Santiago de Querétaro parecería un tragón queretano sin “La Mariposa” o el Profe Loarca sin kilos; el Museo Regional sin historia y el Museo de Arte sin el patio más bello de América; sería como Plácido Domingo y Pavarotti sin ópera o Viena sin valses; Brasil sin futbol o trasvestis o Margarita Zavala sin candidatura; la marisquería “Tampico” sin camarones o “La Cabaña” desde que se fue Roberto Quintanar; el Centro Cultural “Gómez Morín” sin computadoras o la Plaza de Armas sin la estatua de El Marqués; la colonia Burócrata sin “Los Toritos” o el Estadio Corregidora sin Gallos Blancos; un cajero automático sin dinero en efectivo o una bicicleta sin pedales. Sin el Acueducto mi conventual ciudad sería como El Sahara sin arena o La Antártida sin hielo; como Granada sin Alahambra o Madrid sin madroños; como Bernal sin monolito y la Sierra Gorda sin templos misionales; como misiones sin San Junípero y Basílica sin la virgen de Guadalupe; como Palabrero sin el vital Vidal y sin Uribe sin su Concha; como tortuga sin caparazón o Cuauhtémoc blanco sin joroba; como Agustín Lara sin piano, Johann Sebastian Bach sin órgano y Joan Sebastián sin Juliantla.

Sin la arcada, Santiago de Querétaro se vería como Fernando Soler sin cinematógrafo o Rosalío Solano sin fotografía; como el “Noa Noa” sin Juan Gabriel o El Divo de Divos sin “Yo Soy Aquel”; como la Ciudad de México sin Ángel de la Independencia o Buenos Aires sin Obelisco y la Nueve de Julio; como la mayoría de los diputados locales sin ignorancia o el maestro Arana Morán sin elegancia; como Miroslava sin belleza, Flin sin pobreza, burócrata sin pereza o José Narro sin certeza; como José Luis Calzada sin su bastón, sin Santa Clara y su demencia; como el antañoso “Dulce Elegante” sin su traje claro a rayas cafés; como Semana Santa queretana sin Procesión del Silencio o Navidad sin nacimiento; como políticos sin arrogancia, María Félix y Maradona sin petulancia y tribunal sin segunda instancia; como “Nieves Galy” sin mantecado y su dueño sin copete; como un Miguel Epardo sin violín y el Pasaje de La Llata sin “Piolín”; como Felipe “El Bolero” sin picardías o el bar “Barrio Alegre” sin arpías; como “El Monje” sin Federico o Rafa Martínez Escamilla y Andrés Garrido sin hocico.

Pensando en ese desolado paisaje me quedo dormido al fin, vendiéndoles un puerco sin grasa y sin rabo.

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