Andrés Garrido del Toral

DIVO

QUERETALIA

EL QUERÉTARO INSURGENTE

La Academia Literaria o Los Apatistas

En 1808 existía en Querétaro una academia literaria llamada Los Apatistas. Estaba integrada, entre otros, por los señores Miguel Domínguez, Pedro Antonio de Septién Montero y Austri, el marqués de Rayas, Juan Nepomuceno Mier y Altamirano, Antonio Téllez, Mariano Lazo de la Vega, Lic. Arellano, José Ignacio Villaseñor Cervantes, Epigmenio González, José Lozano, Fr. Anselmo Castillo, Lic. Lorenzo de la Parra, José María Buenrostro, Manuel Delgado, Felipe Coria, Luis Mendoza, Manuel Prieto, Ignacio Pérez, Manuel Moctezuma Velasco y Ramírez del Prado y el Pbro. José María Sánchez. Se reunían principalmente en la casa de éste, en la calle del Descanso número 14, hoy Pasteur sur.

Ahora bien, con el nombre de “apatistas” pretendían mostrar que sus reuniones eran solamente de tipo literario, pero la realidad era que en ellas sí se conspiraba en contra del gobierno español. Posteriormente, con el pretexto de llevar a cabo reuniones sólo de carácter literario, se organizaron en Querétaro, desde los primeros meses de 1810, veladas en las que se conspiraba en contra del gobierno español. Con tal nombre buscaban demostrar que eran apáticos a las cuestiones políticas, pues aparentaban dedicarse solamente a actividades literarias. También hay quien ha afirmado que a dichas reuniones literarias se les decía: “rezos familiares”.

¡Cómo doy lata a mis cuatro lectores y a mi gobernador con este tema del importantísimo Manuel Mariano Iturriaga y Alzate!, al que tanto se le mantiene en el olvido –por una parte- y al que también se le imputa el título de “traidor” por haber supuestamente dado aviso de la conspiración de independencia a su confesor Rafael Gil de León, quien a su vez era juez eclesiástico y el mismo que dio el aviso a las autoridades novohispanas. Para mí Iturriaga fue el verdadero iniciador de las juntas de conspiración en Querétaro –como ya lo había hecho en las juntas de Valladolid desde 1808- y aunque doña Josefa Ortiz de Domínguez se convirtió en el alma de las mismas gracias a su entusiasmo y encanto personal, el que trajo a Hidalgo a nuestra ciudad fue Iturriaga, junto con el oratoriano en jefe Dimas Díez de Lara, precisamente a la bendición del templo de San Felipe Neri, hoy catedral de Querétaro en 1802.

Transcribo a continuación unos datos biográficos que encontré en la importante obra del doctor Martín Hurtado relativa a los insurgentes queretanos:

“Iturriaga de Alzaga, Manuel Mariano. (jurista). Canónigo de Valladolid, pertenecía a la conspiración de Querétaro de 1810. Debido a la denuncia que Iturriaga hizo in articulo mortis al cura Dr. Rafael Gil de León fue descubierta la conspiración, pues aunque es cierto que los conspiradores eran ya conocidos (tómense en cuenta la traición de Mariano Galván y la denuncia de José Arias), la denuncia de Iturriaga fue la que al final encendió la mecha. Al descubrirse la conspiración no pudo ser encerrado, pues ya había muerto. Sobre su muerte, el cronista anónimo escribió: Este día [13 de septiembre de 1810] falleció en su hacienda de Ojo de Zarco (Agua Zarca) el doctor Manuel Mariano de Iturriaga y Alzaga, natural de la ciudad de Querétaro, quien era reconocido, entre otras cosas, como poeta (tómese en cuenta que era parte de la Academia insurgente Los Apatistas).

Publicó poesía en 1810. El tema que abordó es la política. El mismo cronista anónimo nos dice que publicó “algunas poesías para la jura de Carlos IV en Querétaro, M. S. [y] Poesías para la pira erigida en las honras que celebró la misma ciudad al señor don Carlos 3º. M. S.”. Fue canónigo doctoral de Valladolid de Michoacán, y fue sobresaliente jurista y orador. Poseía ocho idiomas con el natural: español, latín, francés, inglés, italiano, portugués, mexicano [náhuatl], y otomí. El señor Beristáin en su Biblioteca Americana dice de él lo siguiente: Don Manuel Mariano Iturriaga, natural de la ciudad de Querétaro, colegial de San Ildefonso en México y doctor en cánones por su universidad, rector del seminario de San Javier de su patria, cuyos estudios restableció; promotor fiscal del obispado de Michoacán, cura del Rincón de aquella diócesis, canónigo doctoral de aquella iglesia y provisor y vicario general. Después de algunos años renunció a la canonjía por retirarse, como lo hizo al Oratorio de San Felipe Neri de México. Sus talentos y estudios se hallan recomendados por la Universidad de México en el prólogo que puso a sus Constituciones impresas en 1775, por un acto público literario que defendió nuestro Iturriaga la Instituta de Justiniano en todas sus partes, con la interpretación del doctor Pichardo. Falleció en su patria, Querétaro, año de 1810, habiendo escrito: “El alma en soledad” Dos tomos en octavo, impreso en Madrid, 1796. Es traducción de la obra del padre Bagnari, jesuita italiano. “Devoción al patriarca, esposo de la Virgen, señor San José”. Impreso en Madrid, en octavo. “Disertaciones, o Academias filosóficas”, impreso en México. “Apuntes y Reflexiones curiosas sobre la secta de los Iluminados”, manuscrito. Tratado de álgebra: modo de simplificar sus operaciones, manuscrito. Tratado de aritmética y álgebra, para principiantes, manuscrito. Se envió a México al señor coronel Menocal para su impresión. “Instrucciones sobre la cría de gusanos de seda y manufactura de ésta”, manuscrito remitido al señor conde de Revillagigedo, virrey de México. “Constituciones para gobierno del beaterio de las Carmelitas de Querétaro”, manuscrito. Instrucciones formadas de orden del Ayuntamiento de Querétaro para su diputado en Cortes, sobre tributos, agricultura e industria. Manuscrito. Tomo 2º. Verbo: Iturriaga, pág. 124. A más de estas obras conservo en mi poder del señor Iturriaga las siguientes: El “Antilucrecio”, traducción en metro de la obra del cardenal de Polinac. No la concluyó. Manuscrito. Trozos de otra traducción de los “Paseos por los campos de México” del abate Lardizábal, manuscrito. Testamento de Mantua. Se imprimió en el Diario de México. Algunas poesías para la Junta de Carlos 4º en Querétaro,, M. S. Poesías para la pira erigida en las honras que celebró la misma ciudad al señor don Carlos 3º M. S.”

“La confesión del Doctor Iturriaga y el aviso de Don Francisco Bueras”

El motivo que provocó finalmente la detención de los primeros conspiradores fue la confesión que hizo el doctor Iturriaga al cura Rafael Gil de León, confesión que le confió como pecado y que consistía en haber participado activamente en la conspiración de Valladolid y la de Querétaro. Le dijo, como descargo de su conciencia, todo lo que se tramaba en esta última; y segundo, el aviso que recibió, aunque no en confesión pero sí como dicho de un moribundo, de don Francisco Bueras, éste le dijo de la existencia de la junta conspiradora, advirtiéndole que el plan de los conspiradores era comenzar por degollar a los españoles, lo cual sería en breve.

Ante tal situación, en la tarde del 14 de septiembre de 1810, el cura Gil de León fue a ver al corregidor y a su esposa Josefa Ortiz a las casas reales para avisarles de que habían sido descubiertos y que pronto se obraría en contra de ellos.

En realidad los españoles –como hemos visto– ya estaban enterados de la conspiración, por lo que el alcalde Juan Ochoa actuaba sin tomar en cuenta al corregidor.”

Uno de los autores que más aprecian la vida y obra de Iturriaga es el genial Mario Moya Palencia que en su magnífica novela “El Zorro enjaulado”, publicada en Porrúa en 1996, le da su real dimensión a nuestro personaje, al que deseo verlo en estatua y de preferencia en el Panteón de los Queretanos Ilustres, y que su nombre lo lleven importantes avenidas en todo el territorio estatal.

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