Andrés Garrido del Toral

DIVO

QUERETALIA

EL QUERÉTARO MERCANTIL V

Continúa la entrevista al licenciado Juan Servín Muñoz y a Pilar Carrillo Gamboa sobre la segunda etapa, ahora, del antiguo Mercado Pedro Escobedo, el que estuvo en la actual Plaza Constitución.

Ese primer Mercado Dr. Pedro Escobedo, no hizo huesos viejos, ya que el gobernador, Ing. Francisco González de Cosío, el 15 de  septiembre de 1895 inauguró el nuevo mercado, el cual ordenó se construyera en el mismo sitio y con el mismo nombre que el anterior. En cada una de las cuatro esquinas chatas del rectángulo, había construcciones del tabique con marcos de cantera y portones enrejados.

Estos locales servían para tiendas de abarrotes, semillas, tabaquerías, mercerías, papelerías y hasta imprentas, a través de ellos, no se podía acceder al interior del mercado ya que tenían muro en la parte de atrás con excepción del que ocupaban la actual esquina de Juárez e Independencia, donde antiguamente estuvo la Fuente del Serafín, había una reja montada en un arco de cantera, y en la parte superior se veía el letrero que decía “Mercado Pedro Escobedo”. Todo el perímetro contaba con una artística y sólida reja de hierro.

Por lo visto era un inmueble perfectamente iluminado, pues por los cuatro costados la reja dejaba libre tránsito a la luz natural, y en el centro la linternilla hacía lo propio. En el centro del mercado, y exactamente bajo la linternilla, circundada por una elegante baranda de fierro, se elevaba una hermosa fuente de estilo sencillo pero artístico, la taza era de cantera rosa de la región, rematándola un conjunto de bronce, formado por un geniecillo que abrazaba un cisne, por cuyo pico surtía cristalina agua. El piso era de cemento, los mostradores de madera, simétricamente colocados y cubiertos con láminas de zinc. Alrededor de la fuente, estaba el más abigarrado de los jardines, ya que ahí se apostaban las vendedoras de flores; de ese punto en forma de estrella salían los pasillos que albergaban los puestos de verduras y frutas. En el exterior a todo su alrededor y bajo el alerón, se instalaban los campesinos que venían a vender sus propios productos: jocoque en jarros de barro, quesos, tunas, guamiches, garambullos, pingüicas, tejocotes, quiote, y yerbas de todo tipo. Por la calle de Corregidora se encontraban perfectamente alineadas, casi hasta el portón de San Francisco, al menos una docena de grandes sombrillas blancas de aproximadamente dos metros de diámetro, así como algunas sobre la calle de Independencia, todas formaban parte de aquel centro comercial; bajo ellas los vendedores despachaban cañas, cacahuates, naranjas, limas, maíz, frijol, garbanzo, etc.

El entorno reflejaba graciosamente su época, subiendo en lo que era la primera calle del Callejón de Cabrera (hoy calle Libertad), a mano derecha se encontraban las carnicerías, a mano izquierda en lo que hoy es parte del Museo Regional, había dos o tres pulquerías, y el arroyo de la calle era un verdadero río de productos de alfarería, ollas, cazuelas, carnales, cántaros, tinajas, macetas y columnas para macetas; no pocas veces los empulcados -al salir de las piqueras- fueron a dar con toda su humanidad sobre aquellos productos de barro, haciendo destrozo y medio; hacia arriba en la siguiente cuadra estaban los fierreros, que vendían toda clase de fierros y libros viejos; no faltaban por supuesto en el entorno panaderías, tiendas de abarrotes, mercerías, boticas y cantinas. El nuevo Mercado Escobedo, por la calle de Juárez, presentaba un mayor desnivel, ya que de esta calle al piso del interior había dos escalones.

Por fin llegó el 15 de septiembre de 1895, fecha fijada para la inauguración del nuevo edificio del mercado “Dr. Pedro Escobedo”, era un día ideal, se conmemoraba la Independencia de la Patria, y el onomástico del Presidente de la República, por lo que la inauguración era como un regalo del gobierno y pueblo de Querétaro al general Porfirio Díaz.

El magnífico mercado estaba adornado con gusto, aunque con sencillez, pues en el exterior había grandes astas en las que flameaban vistosas banderolas con los colores nacionales. En el interior se suspendían multitud de flámulas o banderas o gallardetes pequeños de puntas redondeadas, que le daban a la construcción un aire marcial y castrense, como correspondía a la época; de las esbeltas columnas pendían pabellones tricolores y guirnaldas que contenían retratos litográficos de don Porfirio.

Ya con la presencia del gobernador, ingeniero Francisco González de Cosío y su comitiva, en el centro del mercado junto a la fuente, se inicia la ceremonia oficial de inauguración. El señor licenciado Benito Reynoso (quien cinco años después fundara El Heraldo de Navidad), pronunció el discurso alusivo a la entrega del Mercado “Dr. Pedro Escobedo” al Ayuntamiento de la Ciudad, y el imprescindible poeta don José María Carrillo contestó a nombre de la Corporación Municipal.

Cuenta la crónica que los músicos ejecutaron a la perfección tanto las piezas contenidas en el programa como otras de igual gusto. Los comerciantes que ocupaban el mercado obsequiaron con hermosos “bouquets” de fragantes flores a las familias que alegremente les visitaban.

El segundo edificio del Mercado Dr. Pedro Escobedo, sí tuvo una larga vida, hasta que en 1936 -y siendo gobernador del Estado el general Ramón Rodríguez Familiar-, incomprensiblemente ordenó demoler tan insustituible obra arquitectónica. Las rejas fueron vendidas a quienes quisieron comprarlas, de ellas existen tres en la casa de Cecilia Maciel; la fuente que era un prodigio de arte fue a parar a la Plaza del Tepetate, desconociéndose en la actualidad su paradero.

En 1937 el gobernador de referencia inauguró las nuevas y modernas instalaciones del Mercado Pedro Escobedo, que arquitectónicamente nada tenía que ver con los edificios coloniales que circundaban aquella plaza, sin embargo cumplía las expectativas de una ciudad diferente, era de tabique aplanado y pintado de blanco.

Con el tiempo -como siempre pasa en los mercados, donde lo más normal es la anarquía-, los puestos se van ampliando y los pasillos reduciendo, se invaden las calles aledañas de furtivos comerciantes, que al pasar los días se tornan en dueños del espacio y hasta reclaman al que según piensan se entromete en su territorio.

Estos puestos callejeros -que por Independencia y Corregidora se multiplicaron- eran de madera, así que lo que tenía que pasar, pasó: ante aquel abigarramiento en el exterior del mercado, la madrugada del 28 de diciembre, una chispa de una hornilla encendida inició el fuego y toda aquella maraña se convirtió en cenizas,  sin pérdidas humanas qué lamentar.

Anécdotas van y vienen, pero una de las más recordadas es la que cuenta que en pleno incendio un muchacho de escasos 13 años se subió al techo de una de las casas cercanas para ver el incendio, pero sin tomar las precauciones necesarias se fue de boca cayendo en la calle. Le tuvieron que reconstruir la cara gracias a su papá médico reconocido, que lo rescató inmediatamente y lo operó de emergencia, salvándole la vida.

De lo quemado surge la idea de que en virtud de que se han perdido las mercancías y para evitar los robos, los vendedores deciden construir sus nuevos puestos pero ahora puestos metálicos, convirtiendo estos en una extensión del Mercado con todo y cortinas.

Ante esta situación en 1962 se inicia el proyecto del tercer edificio del Mercado “Dr. Pedro Escobedo”, proyecto que fue elaborado por el arquitecto Marco Antonio Jiménez Sullivan, pero quién llevó a cabo su construcción fue el ingeniero Faro González Juaristi, junto con la ayuda del ingeniero Javier Martínez.

La obra del nuevo mercado estaba terminada pero los locatarios no querían cambiarse, incluso hicieron una marcha de protesta dirigiéndose a las oficinas de Manuel González de Cosío Rivera. Al día siguiente la respuesta fue la demolición inmediata. Si bien es cierto que el nuevo mercado era muy espacioso, con áreas de tianguis y estacionamiento, no dejaba de ser un edificio aún sin vida y lejano al primer cuadro de la ciudad.

Como en todos lados, al cambio, negocios prosperaron otros cerraron, los locales fueron sorteados y a la fecha sus herederos preservan la tradición.

El 04 de noviembre de 1964 -aprovechando la visita del señor Presidente de la República Adolfo López Mateos- y con la presencia del gobernador ingeniero Manuel González de Cosío, se llevó a cabo la develación de la plaza del nuevo mercado. El programa era el siguiente: 11:55 am inauguración del Centro de Acción Social para la Mujer y develación de la placa del Mercado “Mariano Escobedo”. Por la apretada agenda presidencial sólo se llevó la develación de la misma sin festejo alguno. El cambio de nombre de Pedro Escobedo por Mariano Escobedo seguramente fue por lo cercana que estaba la celebración de los cien años del Sitio de Querétaro y Triunfo de la República en 1967, acontecimientos en que el general Mariano Escobedo destacó como comandante general.

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