Sergio Centeno García

Sergio Centeno García

PALABRA UNIVERSITARIA

Algunas verdades sobre Venezuela (Tercera y última)

Veinte: en mayo del 2018, después de una elección organizada y supervisada por la CNE y por otras instancias internacionales, Nicolás Maduro Moros, candidato a Presidente de la República Bolivariana de Venezuela por el PSUV, ganó la elección por más del 50 % de los votos emitidos. Reeligiéndose así como Presidente por mandato de la mayoría de los votantes venezolanos.

Veintiuno: Muchos años atrás, en abril de 2002, la derecha opositora en contubernio con el gobierno norteamericano y con algunos altos oficiales de las Fuerza Armada Nacional Bolivariana y de la Marina, intentaron un golpe de estado contra el Presidente Hugo Chávez Frías, a quien secuestraron y trasladaron a una isla para darle muerte. Sin embargo, algunos de los oficiales encargados de la vigilancia de Hugo Chávez, reconocen al Presidente y en un arranque de valentía y patriotismo empiezan a circular la noticia de que Hugo Chávez no está muerto, pero lo más importante, que Hugo Chávez en ningún momento ha renunciado a la Presidencia de la República tal y como lo había declarado ante los medios de comunicación privados nacionales e internacionales, la junta militar golpista.

Veintidós: al saber del golpe de estado en marcha comandado por la derecha y el gobierno norteamericano, el pueblo venezolano se empieza a organizar para exigir a los militares y empresarios golpistas información sobre el Presidente de la República. Poco a poco, el movimiento va tomando una fuerza y una dimensión no esperadas por los golpistas, quienes reflexionan y al ver que incluso muchos de los militares y marinos ya están manifestando lealtad al Presidente, deciden no asesinar a Hugo Chávez. Lo cierto es que con inusitada rapidez los militares y marinos leales a Hugo Chávez van tomando control de las posiciones perdidas con los golpistas. Mientras tanto, medios nacionales e internacionales privados, transmiten eufóricos y felices la ceremonia de posesión del nuevo Presidente venezolano: un empresario corrupto y ladrón llamado Pedro Carmona Estanga, curiosamente presidente de FEDECAMARAS, el organismo que agrupa a todas las grandes empresas venezolanas privadas que desde el inicio le declararon la guerra al gobierno revolucionario de Hugo Chávez.

Veintitrés: ante el júbilo de todos los empresarios y clase alta de Venezuela, así como de decenas de países dominados por la derecha y aliados del gobierno norteamericano, el nuevo presidente golpista, dictador incipiente en acción, disuelve la Asamblea Nacional, el Tribunal Supremo de Justicia, la Fiscalía General, la Contraloría General, y declara ilegales a los gobernadores y alcaldes electos de los diferentes estados y municipios de la república bolivariana sólo por ser simpatizantes de Chávez.

Veinticuatro: sin embargo, las cosas no parecen andar bien para los norteamericanos y los empresarios golpistas de Venezuela, pues el apoyo para Hugo Chávez y la exigencia para que aparezca haciendo alguna declaración va subiendo de tono. Al mismo tiempo, sangrientos combates entre golpistas de derecha y militares leales a la república están sucediendo, en donde por cierto, los ganadores están siendo invariablemente los militares chavistas.

Veinticinco: poco a poco, la tarde del 13 de abril de 2002, los empresarios, obispos, cardenales, militares y marinos golpistas, junto con su flamante Presidente Pedro Carmona Estanga y más amigos, abandonan despavoridos el Palacio de Miraflores en Caracas, sede del gobierno de la república, pues hay rumores de que los militares leales a Chávez están muy cerca. Corriendo y tropezándose entre ellos, con el miedo y la cobardía reflejados en sus rostros, salen huyendo para intentar perderse en el anonimato y así poder negar su participación en el golpe. La república está restaurada y en la madrugada del día 14 de abril de 2002, el pueblo venezolano de manera heroica reinstala a su Presidente Hugo Chávez Frías, derrotando así el primer golpe de estado en contra del gobierno bolivariano.     

Veintiséis: sin embargo, la lucha de la embajada norteamericana y de los empresarios golpistas por hacerse del gobierno venezolano no termina ahí, pues muy pronto intentan otras formas de lucha, la más socorrida entre ellas, las llamadas “guarimbas”, que no son otra cosa que manifestaciones más o menos masivas de repudio al gobierno chavista, patrocinadas y organizadas por empresarios venezolanos, partidos políticos de oposición y agentes norteamericanos interesados en apoderarse del gobierno y los recursos energéticos de Venezuela. En estas “guarimbas” los opositores de derecha asesinaron de manera cruel, quemándolos vivos, a más de 25 personas sólo por vestir de rojo, ser negro o asemejarse un poco a Hugo Chávez. Lo mismo quemaron hospitales, escuelas, centros de salud y colocaron bombas que hacen estallar contra la policía bolivariana celebrando con aplausos las muertes.

Veintisiete: finalmente, cargando el fracaso de no haber podido derrocar a Nicolás Maduro por medio de las guarimbas y asesinatos selectivos,  en enero de 2019, con un plan que se filtra a los medios quince días antes, la derecha venezolana junto con el gobierno norteamericano “nombran” presidente de Venezuela a un derechista gris, mediocre y desconocido, que fungía como presidente de la Asamblea nacional opositora declarada en desacato por el Tribunal Supremo de Justicia. La intención norteamericana y derechista nacional está clara: activar una invasión armada para asesinar a Nicolás Maduro, nombrar a un Presidente títere que entregue a EUA todo el petróleo, coltán y otros minerales valiosos que hay en Venezuela,  y así poder fortalecer la economía norteamericana que en los últimos días no es la mejor del mundo. Ojalá que esto no ocurra.

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