Alejandro Angulo

ENERGÍA Y MEDIO AMBIENTE 

Depresión y ciudad

Al menos 322 millones de personas en el mundo sufren depresión, un 18% más que hace una década, y otros 264 millones padecen trastornos de ansiedad, un incremento del 15% respecto a hace diez años, según los últimos datos revelados hoy por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En Latinoamérica, Brasil es el país que más casos de depresión sufre: un 5,8%
y México junto con Nicaragua y Venezuela con 4,2%.

En Querétaro, de acuerdo al Secretario de Salud, se reciben entre 10 y 15 personas por mes que requieren atención psiquiátrica, y en México se estima que un 30% de la población padece algún trastorno mental. Se estima que para 2030, ésta será la principal causa de morbilidad a nivel mundial, por ello es urgente terminar con la estigmatización de la depresión y otros trastornos mentales, además de mejorar el acceso al tratamiento para todas las personas que lo necesiten.

Según Jens Pruessner, investigador en el Instituto Universitario de Salud Mental Douglas de Montreal en Canadá: vivir en una urbe aumenta en un 21% la probabilidad de sufrir un trastorno de ansiedad. Desde hace años se sabe que también incrementa el riesgo de padecer depresión o esquizofrenia . El estrés parece ser el gran responsable de que la salud mental de las personas que residen en una ciudad sea, en general, algo peor que la de las personas que habitan en zonas rurales. 

Las ciudades donde vivimos, sus calles, edificios y servicios tienen mucho que ver con nuestra salud. La contaminación del aire que respiramos, el exceso de ruido ambiental, la contaminación lumínica, la falta de zonas verdes cercanas y otros factores más nos afectan física y psicológicamente.

Es por esto que una buena planificación urbanística puede mejorar la salud de la población y minimizar el riesgo de padecer ciertas patologías mentales.

Como aconseja la Organización Mundial de la Salud (OMS), habría que “promover una planificación urbana que propicie los hábitos saludables y la seguridad. Mejorar las condiciones de vida en las ciudades, en particular mediante el acceso a viviendas y sistemas de saneamiento adecuados para todos. Y asegurar que la infraestructura sea accesible a las personas mayores”.

Además, es fundamental que haya más zonas verdes y que, sobre todo, que los ciudadanos puedan acudir a ellas, disfrutar la naturaleza, hacer deporte y compartir tiempo de ocio con otras personas. Según un grupo de investigadores de la Universidad de Exeter (Reino Unido), los espacios verdes ayudan a rebajar el nivel de estrés que conlleva vivir en una urbe. Los expertos han observado que las personas que viven cerca de espacios con vegetación ven reducidos sus síntomas depresivos en un 41,5 por ciento.

De esta forma cuando hablamos del derecho a un Medio Ambiente Sano y el Derecho a la Ciudad, entonces también hay que considerar la salud mental de los ciudadanos, porque ello se traduce en una calidad de vida digna. Por tanto, la ciudad no es únicamente casas, avenidas e industrias, es algo más que eso, partiendo de que las ciudades son habitables y su recurso más importante son los seres humanos, pero ellos requieren de determinadas condiciones, entre ellas, su relación fundamental con la naturaleza.

A través del análisis de datos, expertos en arquitectura y planificación junto con médicos, sociólogos y otros estudiosos buscan las claves para crear un entorno urbano que responda a las necesidades de las personas y fomente hábitos saludables. Se trata, según los expertos de varias universidades, de conseguir calles que no solo sean eficientes sino que también sean sensibles al estado de ánimo de las personas y su entorno.

Los que planifican las ciudades pueden conducir nuestra salud mental, señala Mc Cay (psiquiatra y profesora de la Universidad de Georgtown), para quien la transitabilidad y la biofilia son dos ejes que ayudan a crear ciudadanos felices, sociables, que viven en contacto con la naturaleza y que se sienten seguros.

El crecimiento de las ciudades, según Bardera, “hace indispensable gestionar de manera eficiente y colectiva, las infraestructuras con el fin de proporcionar un mayor grado de confort al ciudadano”.

Un buen ejemplo lo tenemos en los puentes, donde por abajo se han habilitado pequeñas áreas con vegetación, que al transitar te distraen del tráfico, sientes frescura, y por unos instantes te desacelera.

¿Qué es mejor un hospital para atender estos trastornos de depresión y angustia o planificar la ciudad para prevenirlos?

La cura está en mejorar nuestro hábitat

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