Alejandro Angulo

ENERGÍA Y MEDIO AMBIENTE

Los retos de la ciudad: Querétaro (1ª de 2 partes)

El pasado domingo 26 de agosto en varios diarios aparecieron notas sobre los resultados del reporte “Ciudades más habitables de México 2018”, que se basó en una encuesta telefónica con 400 encuestas por ciudad, por medio de un muestreo aleatorio simple. Entre las ciudades se encuentra la de Querétaro.

Si bien el reporte abarca varios indicadores, lo cierto es que de cara a la nueva administración que vendrá, hay un conjunto de “Retos”, que ahora me propongo analizar.

¿Cómo resolver la contradicción entre el inmediatismo del presente y la planeación de futuro?

Resulta que a partir de los 80s la Ciudad Capital comenzó su crecimiento demográfico que aún no cesa, lo que trajo aparejado un modelo económico y social pensado en el presente (lo inmediato), de tal manera que el sector inmobiliario cobro relevancia al igual que la especulación, generando así, un crecimiento acorde con las tendencias globales, de forma horizontal y sin planeación de futuro. Desde el 2012, en que publiqué el libro “La Renta Ambiental, Ordenamiento Ecológico y participación ciudadana”, se señalaba la necesidad de dar un golpe de timón a la forma de crecimiento urbano, para incursionar en la ciudad vertical.

En aquel momento (2012) se concluía con lo siguiente:

El principal factor de crecimiento urbano está dado por el crecimiento demográfico producto de la industrialización (y ahora también de la expansión del sector terciario del comercio)

Que dicho crecimiento urbano continúa generando externalidades negativas que se expresan en el deterioro ambiental y la falta de internalización de dichos costos (salvo el instrumento de la corresponsabilidad ambiental del programa de la Huella de Carbono, donde cada ciudadano con automóvil paga una compensación anual)

A ello, hay que agregar, que tal como se dijo en la reunión donde se presentó el programa municipal Q500, por parte de uno de los consultores de Hábitat de Naciones Unidas, “…el modelo actual responde a las presiones de los grupos inmobiliarios y debe cambiar por uno que se base en la planeación”.

Si bien es cierto que ahora se observa un incipiente crecimiento vertical, hay que incrementarlo aún más para reducir el crecimiento horizontal hacia zonas de alto valor ambiental (como lo es Peña Colorada).

En este sentido, parte de las recomendaciones del 2012, siguen vigentes en términos de contener el crecimiento horizontal (extensión del suelo) con base también en la disponibilidad de agua, pero ahora hay que agregar, los riesgos climáticos como las inundaciones y las emisiones de CO2.

Y aunque la tendencia de crecimiento demográfico aún no cesa, hay otros factores importantes que jugarán de contrapeso, como lo es la calidad de vida de los ciudadanos y la renta percapita que ha aumentado, por tales razones, se impone también, una visión de futuro que con el programa de Q500 es la segunda vez que se plantea y dibuja un escenario de mediano y largo plazo, pero la condición es que el gobierno y su Alcalde se sustenten en el dictado de las directrices del Instituto Municipal de Planeación (IMPLAN), y dejen de lado las ocurrencias y la forma de gobernar basada en las decisiones autocráticas y las presiones de los grupos económicos. Es tiempo de trabajar en el futuro de la ciudad que queremos.

¿Cómo resolver la dinámica entre lo municipal y lo metropolitano?

Para el 2015 un grupo de especialistas nos dimos a la tarea de preparar un documento que fue publicado bajo el título “El Reto Metropolitano de Querétaro”, en el cual, la idea central es que de facto y aunque hay una declaratoria del gobierno federal como zona metropolitana de Querétaro, existe un entramado de relaciones y conflictos urbanos que sólo puede encontrar solución, ya no desde la lógica municipal, sino desde el enfoque metropolitano, así las cosas, ahora vemos como se desenvuelve inicialmente: la red de transporte metropolitano; la armonización de regulaciones para los 4 municipios según la Comisión estatal Regulatoria y lo que se quedó en el escritorio como el Ordenamiento Territorial Metropolitano, la creación del Instituto de Planeación Metropolitana, y las propuestas derivadas de un foro de consulta del poder legislativo local en el 2016, cuyas conclusiones apuntaron a: la  pertinencia de contar con un marco legal, en base a la creación de la  Ley de Coordinación Metropolitana y; constituir un organismo o instancia Intermunicipal Metropolitano.

Sin duda alguna, hay temas comunes metropolitanos como la distribución y tratamiento del agua; la contaminación atmosférica (en la cuenca atmosférica metropolitana); la gestión de los residuos; la generación de energías limpias; la planeación del uso del suelo; la producción agrícola periurbana; las áreas de protección y conservación para la infiltración de agua y la captura de CO2; el ordenamiento ecológico metropolitano; la creación de instrumentos económicos ambientales de compensación; y también la construcción de capacidades institucionales metropolitanas.

Repensar el proceso de formación del espacio metropolitano es analizar el proceso de Re-territorialidad. En este sentido hay que abordar la cuestión como un proceso de desconstrucción territorial del municipio, en la medida que la zona metropolitana actua como un atractor que concentra materia y energía y por supuesto, población y servicios. Bajo la óptica ambiental, esta configuración disruptiva, nos conduce sin duda a plantear varias cuestiones de base ambiental, que sin embargo,, no se puede optar por resolverlas de manera independiente en tanto que, dicho proceso de Re-territorialidad, no es otra cosa que un nudo con una sola cuerda que entraña su interdependencia, conexidad y adherencia como propiedades inherentes.

El primer paso es establecer un Pacto Metropolitano y para ello, es fundamental la voluntad del gobierno de la ciudad capital.

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