En mi columna anterior escribí que no basta con proteger las zonas de recarga que nos quedan; también tenemos que restaurar las que hemos perdido. Esta semana, en Colón, unos productores me mostraron que esa restauración no ocurre solo en los cerros. También puede ocurrir en el campo, parcela por parcela.
Me hablaron de la agricultura y la ganadería regenerativas con la convicción de quien ya vio los resultados en su propia tierra. Su idea es sencilla: un suelo vivo retiene agua y un suelo degradado la pierde. Cuando la tierra se deja desnuda, se compacta y pierde materia orgánica, la lluvia escurre, arrastra la capa fértil y se evapora antes de servir. Cuando el suelo se mantiene cubierto, con raíces vivas, menos labranza, rotación de cultivos y un pastoreo bien planeado, se vuelve una esponja. El agua se infiltra, se queda más tiempo disponible para los cultivos y una parte continúa su camino hacia el acuífero.
Esto importa mucho en un estado como el nuestro. La mayor parte del agua concesionada en México se destina a la agricultura, y en Querétaro varios de los acuíferos en déficit sostienen zonas agrícolas importantes. Cuando hablamos de cuidar el agua solemos pensar en la ciudad, pero el campo ocupa la mayor parte de nuestro territorio. Si cada parcela infiltra un poco más y necesita un poco menos de riego, el efecto acumulado puede ser enorme.
Lo más valioso de lo que escuché en Colón es que no se trata de pedirle al productor que sacrifique su cosecha por el medio ambiente. Al contrario: un suelo sano produce mejor, resiste mejor la sequía y reduce costos de fertilizantes y riego. Es una de esas pocas políticas en las que gana el agua, gana el productor y gana el estado.
El reto no es convencer, sino capacitar. Muchos productores quieren hacer la transición, pero necesitan acompañamiento técnico, ejemplos cercanos y tiempo para ver resultados. Por eso propongo que Querétaro impulse un programa de capacitación en agricultura y ganadería regenerativas, construido de productor a productor, con el respaldo de nuestras universidades y con parcelas demostrativas en municipios como Colón, donde ya hay experiencia que compartir.
El Programa Hídrico del Estado nos recordó que el agua es responsabilidad de todos los sectores. El campo no tiene por qué ser visto solo como el gran consumidor de agua; puede convertirse en uno de sus grandes aliados.
Durante años pensamos que el agua del campo se cuidaba con mejores sistemas de riego. Hoy sabemos que también se cuida desde abajo, en el suelo. Porque quien regenera la tierra, también está sembrando agua.





