Ayer “The American Society of México” me invitó a su noche electoral. Inicialmente dudé.
Estar con la Amsoc en un salón propiedad de Ricardo Salinas Pliego (el Foro Total Play de Antara) me podría convertir –ante los múltiples ojos de Morena– en traidor a la patria, o algo peor.
Pero después pensé (rara vez lo hago), si se trata de algo anunciado, visible, público y con fines de seguimiento y análisis en tiempo real de un proceso electoral democrático en otro país con profundas relaciones con México, no podría considerarse acto contra la soberanía nacional. A fin de cuentas, las conjuras no se anuncian ni los conspiradores trabajan a la luz del día o la media tarde la noche. Los espías tampoco.
Y ahí estuve.
Más allá de analizar con detalle posterior los resultados finales, una idea me quedó en la cabeza: lo más democrático posible es un Congreso en manos de los adversarios del presidente.
Claro, en México el partido dominante no lo admite. Aquí la democracia se confunde con la aplanadora electoral populista. Todo el poder al soviet moreno.
No creo en la división de poderes; creo en la división del poder y la existencia de sus compartimientos. Ese es el espíritu de trocear esa extraña unidad llamada Soberanía Popular cuya concentración en una sola persona resulta funesta en cualquier parte, menos en Cuba, claro, donde la mano de Fidel condujo sabiamente a su país hasta llevarlo a los actuales estadios de bienestar, riqueza, justicia, prosperidad y dicha.
Pero la elección de ayer en Estados Unidos no tenía posibilidad –ni finalidad– de cambiar ni las ideas ni la permanencia del Ejecutivo en la Casa Blanca. Entregarles la Cámara de Representantes y el Senado a los demócratas (si así termina siendo), no va a alterar una sola de las neuronas, aún en funcionamiento (una o millones) en la cabeza de Donald Trump. Peor aún, metería al desmandado en una ruta desesperada por ejercer sin ton ni son sus manías y venganzas ya sin pérdida a la vista. Nada puede esperar a los 80 años de edad.
Por desgracia para quienes vemos en Trump un peligro para México (otro), una derrota partidaria, no es automáticamente una derrota ejecutiva.
Un factor importante en todo esto es el belicismo y la aventura militar contra Irán. Eso se ha prolongado tanto como para hacer de sus actuales consecuencias un factor decisivo. Pero al americano medio no le importan los muertos en batalla ni las injusticias contra los iraníes o los palestinos. Les importa el precio de la gasolina o el Diesel. Lo demás es irrelevante.
América sólo se mira a sí misma.
Hoy el repudio a la guerra no tiene los tonos humanistas y hasta románticos del siglo pasado cuando la intelectualidad se manifestaba con flores en la boca de los fusiles de la Guardia Nacional y canciones de protesta con jóvenes de larga melena hippie contra la guerra en Vietnam.
Una encuesta de Pew Research publicada poco antes de la jornada de ayer, expresaba el riesgo. No es un asunto de politólogos, es cosa de “quarters” y “dimes”:
“… la economía es el tema que más interesa a los votantes latinos de cara a las elecciones del 3 de noviembre y, dentro de ese rubro, el precio de la gasolina y la energía está en el primer lugar, con el 80% de las menciones, empatado con el costo de la vivienda. Detrás les siguen los precios de la comida y otros bienes de consumo, con el 78%, y de la atención de la salud, con el 77%.
“En una economía como la de Estados Unidos, en la que los productos y servicios recorren grandes distancias —en las calles, en carreteras o incluso en barco o en avión—, los precios de energéticos tienen un efecto dominó.
“A finales de septiembre, el precio de la gasolina regular se ubicó en US$ 4,30 por galón, lo que representa un aumento del 43,9% en comparación con el precio del año anterior, cuando fue de US$ 2,99, según los registros de la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA, por sus siglas en inglés).
“El principal factor que ha impulsado esta subida ha sido la guerra que Estados Unidos e Israel lanzaron a finales de febrero con Irán, con el argumento de que el país representa una amenaza para su seguridad y la seguridad global, algo que las autoridades iraníes rechazan. Desde los primeros ataques, el conflicto ha impactado no solo en el mercado y los precios globales del petróleo, sino también en las finanzas de los estadounidenses”.
Gobernar con el Congreso en contra en tiempo de guerra, con los empeños de autopromoción alcanzados cuando mucho a la mitad, no es una muestra de poderío.
Si a eso se agrega la natural ineficiencia de Trump, quien no es capaz ni siquiera de cumplir con sus bravatas (México es un ejemplo) o culminar lo que comienza, solo tiene una salida: la derrota política y el fracaso histórico. Y Trump se dirige hacia allá.
El momento recuerda aquellas palabras de Mike Mansfield, un senador demócrata amigo de Kennedy, quien a pesar de su fervorosa militancia demócrata decía –cuando Johnson se atascaba en el pantano vietnamita–: “estamos donde no deberíamos estar y estamos entablando un tipo de guerra que no es el nuestro.”
Quizá por eso ayer por la mañana se divulgó una noticia preocupante: la intensificación de las acciones militares en contra de Irán.
“…Estados Unidos efectuó ataques las primeras horas de este martes contra objetivos iraníes en el estrecho de Ormuz, informaron funcionarios estadunidenses a The Wall Street Journal y a la agencia Ap. Antes, la televisión estatal iraní, otros medios de ese país y la cadena Al Jazeera reportaron que se escucharon explosiones anoche en la isla de Qeshm.
“El diario estadunidense fue el primer medio que informó de la nueva ofensiva contra Irán. Algunos funcionarios la describieron como defensivas, con el fin de impedir que Irán tuviera libertad para atacar buques mercantes en el estrecho de Ormuz.
Pero sin entrar en esos terrenos de alta elevación geopolítica, los votos –54 millones de los cuales hasta la mañana de ayer ya habían sido emitidos por adelantando–, no saben dónde queda Ormuz ni quien es el instigador de todo esto, un sionista llamado Netanyahu. Nada más saben cosas como estas:
–“¿Cómo le afecta a usted el bolsillo?”, pregunta CNN al conductor de un camión entrevistado en la gasolinera cercana al Aeropuerto Reagan.
–“Bastante”, responde. “Pues sí, porque menos le rinde el dinero a uno, porque compra poco con lo que uno gana”.
“El petróleo se mantiene por encima de 110 dólares el barril y los mercados no volverán a la normalidad en 2027. Por lo menos.
“En Estados Unidos, donde el presidente Donald Trump ha hecho de los hidrocarburos uno de sus principales símbolos políticos con lemas como “¡Drill, baby, drill!”, este encarecimiento se ha vuelto un obstáculo para la promesa del mandatario de aumentar la producción y alcanzar la independencia energética.
“Hoy, el país exporta casi un tercio del petróleo que produce e importa casi un tercio del que consume. Esto se debe a que el crudo estadounidense es útil para producir gasolina, pero no tanto para otros productos derivados, como diésel o queroseno. Por eso es que necesita importar una alta proporción de esos insumos o un hidrocarburo más pesado. Y por eso también es que el costo de vida se ha ido encareciendo.
“Un ejemplo claro de esto lo da el diésel, el combustible que usan los camiones de carga. En septiembre, el diésel alcanzó US$ 6,50 por galón, un precio que representa un incremento del 86% en lo que va del año y que ha llevado a algunos republicanos a plantear que por el momento se prohíban las exportaciones de diésel, con el fin de abastecer la demanda nacional”.
No lo derrotaría la amenaza atómica de Irán, perdería por un simple galón de gasolina. Esa es la esperanza.
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