Esta semana, las Comisiones Unidas que el Congreso del Estado integró para analizar la materia de aguas tomaron una decisión que conviene celebrar: la discusión de la nueva Ley de Aguas de Querétaro no se hará al vapor. Habrá tiempo, habrá método y habrá voces. Ese acuerdo es un cambio de fondo en la manera de legislar, y como queretana lo aplaudo sin reservas.
Lo aplaudo porque coincide con lo que desde el Consejo Consultivo del Agua del Estado de Querétaro he venido sosteniendo: una iniciativa de esta envergadura no admite verdades a medias ni prisas calculadas. El agua es la columna vertebral del desarrollo, de la salud, de la producción agropecuaria y del crecimiento urbano. No se legisla sobre ella como si fuera un trámite. Se legisla con datos, con escucha y con humildad institucional.
El plan de trabajo aprobado lo refleja con claridad. Se convoca a la Conagua, a la Sader, a la Cofepris, a las secretarías estatales competentes, a la Comisión Estatal de Aguas, a los municipios y a sus organismos operadores. Se convoca a la academia: la UAQ, la UVM, la Anáhuac y los centros de investigación. Y se convoca al Consejo Consultivo del Agua, instancia que tengo el honor de presidir.
Esa función de puente no es un eslogan, es una práctica concreta. La ejercimos al coordinar los trabajos del Programa Hídrico del Estado de Querétaro 2025-2027, un instrumento que no nació en un escritorio, sino en mesas con expertos, rectores universitarios, presidentes municipales y representantes de comunidades del semidesierto, la sierra gorda y el Bajío queretano. Cada región tiene su propia realidad hídrica, y ninguna ley seria puede ignorarla.
El proceso que ahora abre el Congreso da continuidad a esa lógica. Dos mesas técnicas especializadas en junio, julio y agosto. Una mesa de consulta ciudadana en septiembre, en los términos del Acuerdo de Escazú. Presentación de resultados en octubre. Y, después, integración del dictamen con criterios explícitos de viabilidad técnica, impacto social, constitucionalidad y armonización federal. Esa es la forma.
Agradezco a las y los diputados que entendieron que escuchar no debilita el liderazgo legislativo, lo legitima. En el Consejo Consultivo estamos listos para aportar: tres años de trabajo intenso, estudios, diagnósticos, mesas con los especialistas más conocedores del tema y recorridos por cada región del estado están a disposición del proceso. Querétaro tiene por fin la oportunidad de que el eje central de su política pública gire en torno a uno de sus temas más prioritarios e históricos: el agua. Y va por buen camino.





