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39

Juego Profundo

por Salvador González
10 septiembre, 2026
en Editoriales
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Antes de leer esto, si tienes a la mano tu música de streaming, busca una canción: ’39, de Queen. No hace falta escucharla completa, solo deja que suene de fondo mientras lees.

Brian May la escribió alguna vez pensando en el tiempo. La llamó simplemente ’39.

No es una de las canciones más populares de Queen. Apareció en 1975, dentro de A Night at the Opera, el mismo disco de Bohemian Rhapsody, y quizá por eso puede pasar inadvertida entre canciones mucho más conocidas.

Pero ’39 guarda una historia fascinante. May, guitarrista de Queen y también astrofísico, imaginó a unos viajeros que parten al espacio y regresan para descubrir que el tiempo no pasó igual para ellos que para quienes se quedaron en la Tierra. Para ellos transcurrió apenas un año; afuera, prácticamente una vida. La canción juega con la relatividad del tiempo, pero termina hablando de algo mucho más cercano: irse, volver y descubrir cuánto cambió el mundo mientras uno estaba lejos.

Yo la conocí una noche en Madrid, casi por casualidad. Se quedó corriendo el disco después de escuchar otras canciones y apareció aquella guitarra acústica, sencilla, muy distinta al Queen excitante que todos conocemos. No le puse mucha atención esa noche. Estaba distraído, hablando con alguien, con una cerveza a medias, pero algo de esa melodía se quedó sonando por debajo de la conversación, como un ruido de fondo que uno reconoce después.

Viví algunos años allá. Cuando regresé a México, la canción volvió sola, sin que la buscara. Mi viaje no tuvo nada de espacial, pero entendí mejor aquella historia con solo entrar a mi antigua colonia: la misma esquina, la misma tienda, pero un nombre distinto en el letrero. Nada grave. Solo un recordatorio pequeño de que el reloj no se detiene por nadie, ni siquiera por los que se van.Pensé nuevamente en ’39 esta semana.

Hace unos días se anunciaron los treinta nominados al Balón de Oro y entre ellos apareció Lionel Messi con 39 años y una pelota. 39 años, treinta y nueve. La misma cifra de la canción, aunque él no la escribió ni la necesitó, le basta con seguir jugando para unirlo a ella.

Puede ganarlo. Puede que no. A estas alturas casi da lo mismo para esta historia. Lo extraordinario es encontrarlo otra vez ahí, mientras los nombres que lo acompañan cambian, unos llegan, otros desaparecen y nuevas generaciones ocupan los lugares que parecían reservados para las anteriores. Messi sigue en la lista, como si las reglas del tiempo se doblaran un poco distinto para él. Como en la canción, estirando el tiempo.

Han pasado tantos años que quienes comenzamos a verlo jugar también hemos envejecido. Cambiamos de trabajo, de ciudad, de piel. Tuvimos hijos. Perdimos amigos. Enterramos a alguien que nos vio ver aquellos primeros partidos. Mientras él acumulaba temporadas y sin proponérselo, terminó convirtiéndose en una medida involuntaria de nuestra propia vida. Podemos recordar dónde estábamos cuando lo vimos por primera vez y mirar dónde estamos ahora. Entre una imagen y otra no solo envejeció un futbolista, envejecimos nosotros también.

Quizá por eso verlo todavía ahí produce una sensación difícil de explicar. Casi emotiva. No necesita ser futbolera para reconocerse: mirar a alguien que fue joven al mismo tiempo que nosotros y descubrir que envejecer junto a alguien, aunque sea a la distancia, aunque sea por televisión, también es una forma de compañía.

Brian May imaginó viajeros que regresaban prácticamente iguales después de que el mundo y las personas envejecieran sin ellos. El fútbol no permite esos viajes. Aquí el tiempo pasa para todos, también para Messi. Le ha cambiado el pelo, el paso, la manera de repartirse los noventa minutos. No es el mismo que recorría la cancha entera hace veinte años, y eso también es parte de la historia.

Solo que hoy todavía algo pasa cuando el balón llega a sus pies. Algo se detiene, o al menos se ralentiza. Algo que ni él ni nosotros hemos logrado nombrar del todo se reordena por un segundo. Y ese segundo alcanza para que se nos olvide contar los años.

Y ahí sigue él. Con 39 años y una pelota.

 

“…though you’re many years away”

Etiquetas: balon de oroBrian MayfutbolLionel MessiQueen

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