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Un artículo sobre un microcosmos

El Jicote

por Edmundo González Llaca
11 agosto, 2026
en Editoriales
Venezuela. Repercusiones internas
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La mayoría de las ocasiones escribo sobre temas que considero de importancia trascendental en la vida pública; confieso que observo tan inútil las reflexiones sobre el macro cosmos. De pronto, llega la petición muy personal de un lector, soy bastante facilito, imagino que tal vez en el microcosmos pudiera tener resultados más positivos y concretos. Es el caso de un artículo reciente, al que ya respondí, pero que ahora amplío. Disculpas, hoy no salvo al país ni al mundo.

A la pregunta de un estimado lector que se firma “Confundido” y que me provoca una inmediata simpatía, pues considera que soy escritor, me escribe: “¿Cómo decidió hacerse escritor?”. En texto pasado le dije que lo primero que me cautivó fue la importancia que tiene la palabra en las relaciones personales, por supuesto en las sentimentales.

Lo que también impulsa a elegir una vocación es el éxito que tienes al desarrollar determinada actividad, los elogios son una gran motivación para tomar la decisión. Le platico en mi caso.

Había terminado la preparatoria, aunque en esos tiempos su duración era de dos años, era el umbral a la entrada a la universidad, hecho que lo convertía en etapa de gran relevancia. Cuando la terminé en el colegio jesuita en el que la cursaba, otros amigos decidieron festejarme. Con ese propósito me invitaron a un antro de mala muerte en Garibaldi, creo que se llamaba “El Bombay” o el poco elegante nombre: “El Burro”. La variedad era un cantante puertorrriqueño del que era fan mi padre y posteriormente yo me hice también su adepto: Daniel Santos.

Su repertorio eran canciones de la bohemia prángana: “Fue en un cabaret donde te encontré, bailando…” Y no me provoquen porque empiezo a escribir y a cantar al mismo tiempo. Al terminar el primer “show”, como a las once, las luces del lugar parpadearon con insistencia, apareció el conductor de la variedad y dijo, palabra más palabras menos: “La empresa convoca a los amables y distinguidos asistentes a la elaboración de la presentación de Daniel Santos en su próximo “show”. Debe ser un texto que no pase de dos renglones y que no tenga groserías ni palabras altisonantes”. Al escuchar las últimas palabras, los “distinguidos asistentes”, prorrumpieron en chiflidos y groserías. El locutor prosiguió:

“Media hora antes que empiece la siguiente presentación, nuestras bellas edecanes pasarán a quien se lo pida a darles un papel y una pluma. Los invitamos a escribir la presentación de nuestro artista. La empresa premiará espléndidamente al ganador”.

De inmediato mis amigos me conminaron a que pensara un texto, pues a finales de nuestra preparatoria las revistas y el álbum final había transcrito algunas de mis colaboraciones; además, a esos amigos los había ayudado a escribir cartas para sus novias. Me decían: “Ya no sigas brindando y a pensar”; “Si ganamos, chance nos disparan la cuenta”.

Nuestras muy pintadas acompañantes, las de “rompe y rasga”, como decían en Querétaro, sin saber exactamente la causa de la invitación de mis amigos, también se unían al llamado conminatorio, pero en forma matizada: “Tú escribe. No les creas, el chupe despierta la imaginación”.

No les hago largo el cuento, gané la convocatoria. El conductor del show leyó primero mi presentación, que la recuerdo muy bien: “Los arrabales también tienen santos y uno de ellos se llama: Daniel”. Los “distinguidos asistentes” aplaudieron, hasta que dieron mi nombre y me invitaron a pasar a recibir el premio. Porque soy cara pálida o por envidiosos, en el camino al estrado me chiflaron y me asestaron el homosexual con sus cuatro sonoras letras.

En el estrado el bigotón de Daniel Santos me dio la mano, acompañado de un tufo de alcohol, dijo: “Felicidades chico, muy bonita presentación”. Recibí mi premio, una botella de ron, si mal no recuerdo “Ron Potrero”. De regreso a mi lugar, los “distinguidos asistentes” ya no me chiflaron, sino que extendían sus vasos vacíos: “Invita pinche güero, no seas tacaño”.

Al llegar a mi mesa la euforia era desbordante, identifiqué una reacción que después reconozco que es muy normal: “El éxito tiene muchos padres”. Me decían: “Te lo dije”; “Tú no querías participar, pero yo te insistí”. Dejé la botella en el centro de la mesa y me dispuse a recibir felicitaciones.

En mis tiempos las felicitaciones eran bastante molestas, primero, con la palma de la mano, te despeinaban, lo que en mi caso no les costaba mucho trabajo, pues siempre andaba despeinado; finalmente, venía un fuerte abrazo. Al terminar el cortejo de felicitaciones alguien dijo: “Vamos a brindar con la botella, pues el triunfo es de todos”. Sí, aprobaron, vamos abrir la botella. Pero ¿Dónde estaba la botella? En forma bastante ilógica la buscábamos hasta debajo de la mesa. No había mucho misterio, la botella se la habían llevado las “Alegradoras”.

Las que antes nos acosaban estaban desperdigadas en toda la pista, logré identificar a una de ellas, me vio y sonrió: la marchita coquetería de su rostro, dio paso a un gesto de quien había hecho una travesura.

Estimado “Confundido”, unas últimas recomendaciones. Primera, no te sientas mal si no sabes exactamente a qué te vas a dedicar, es absolutamente normal y te diría, ahora es peor que antes. En mi tiempo, si te gustaba dibujar tu destino era ser arquitecto, si eras bueno para los números, contador o ingeniero; si todo lo discutías, tu destino era ser abogado. Ahora las alternativas son infinitas.

Segunda. Afirman los judíos: “Móntate en tus pasiones”. Casi siempre lo que nos apasiona es en lo que más éxito o buenos resultados se obtienen. Después de haber ganado la presentación en el cabaret de mala muerte, estudié mi doctorado en propaganda, por cierto, la apliqué en mi campaña de diputado en Querétaro, con un slogan, perdón por el auto cebollazo, que también fue reconocido: “Querer a Querétaro”.

Tercera recomendación. Recuerdo un poema de León Felipe: “Nadie fue ayer, ni va hoy, ni irá mañana hacia Dios por este mismo camino que yo voy. Para cada hombre guarda un rayo nuevo de luz el sol y un camino virgen Dios”.

En otras palabras, te he compartido mis experiencias que, como te puedes percatar, son personalísimas, estoy seguro que el destino, que también juega, te dará tus propias pistas de cuál es tu vocación. Lo más importante, estimado “Confundido”, al decidir, goza el trabajo con el que te vas a ganar la vida, a tal punto que casi no sientas ni su sudor ni su esfuerzo. Servido ¡Suerte!

Etiquetas: artículoescrituraliteratura

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