Cierto es que regiones cerebrales, emociones y futbol se activaban el jueves pasado mientras las y los mexicanos se emocionaban con los goles del primer partido de la Selección en el Mundial, o quizá hasta sentían angustia ante las pocas amenazas de anotación de los sudafricanos.
¿De dónde viene la alegría, el sufrimiento y la euforia cuando el equipo favorito mete un gol, o cuando lo recibe?
Las emociones durante un partido de futbol, afición y competencia comienzan a ser objeto de estudio de las neurociencias.
El cerebro también juega
Una investigación, titulada “Mecanismos cerebrales en todo el espectro de participación de los aficionados al futbol: un estudio de neuroimagen funcional, resonancias magnéticas y emociones”, exploró las regiones del cerebro relacionadas con las respuestas emocionales de los aficionados ante las victorias y derrotas de sus equipos.
En ese estudio, realizado por científicos de la Universidad San Sebastián, en Chile, y finalizado en 2022, participaron 61 hombres de entre 20 y 45 años, fanáticos de los máximos clubes rivales de ese país: Universidad de Chile y Colo-Colo.
Lo que los investigadores observaron fue la actividad cerebral, las reacciones emocionales y las respuestas de los participantes mientras se les proyectaban clips de goles de su equipo favorito, pero también goles en contra.
Los hallazgos representan un mayor conocimiento del sistema nervioso, el cerebro y la importancia de la gestión de emociones.
Durante la victoria, el estudio mostró que se activan con fuerza las regiones del sistema de recompensa, el estriado ventral y el núcleo caudado, junto con áreas asociadas a la identidad social, reforzando el vínculo con el grupo propio.
En cambio, con la derrota se activa la red de mentalización, el dolor emocional y disminuye la actividad del córtex cingulado anterior dorsal, encargado del control cognitivo y la regulación emocional.
Este desbalance explica por qué, en hinchas muy identificados, una derrota puede desencadenar reacciones impulsivas, agresivas y de menor autocontrol.
“Cuando un equipo marcaba un gol, se encendían las regiones cerebrales vinculadas al placer, la recompensa y la satisfacción”, explicó el doctor Francisco Zamorano, investigador principal del estudio, en un artículo de la Clínica Alemana, donde trabaja como parte de la Unidad de Imágenes Cuantitativas Avanzadas y donde realizó la investigación.
“Pero cuando el rival anotaba el gol, el área responsable del control cognitivo, el autocontrol y el córtex cingulado anterior dorsal mostraba una disminución justo cuando más falta hacía”.
Defensa y control
Erasmo Saucedo, profesor y coordinador de investigación del Departamento de Psiquiatría del Hospital Universitario de Monterrey, destaca este estudio para entender la relación entre cerebro, futbol e identidad.
“Nuestro cerebro interpreta la victoria como una experiencia gratificante, personal y de identidad colectiva. Por eso el futbol es mucho más que el futbol. Es identidad personal, social y de grupo”, comentó.
“Por eso, cuando juega México, no juega nada más la Selección Nacional, juega todo México, y por eso te sientes tan involucrado”.
Pero cuando es el equipo favorito el que recibe un gol, entonces se activa una red de mentalización, particularmente el precúneo, como un mecanismo de defensa para racionalizar el dolor y refugiarse en experiencias personales.
El precúneo, la memoria y la capacidad de reflexión son fundamentales para recordar, proyectar el futuro y entender que el otro no es un enemigo.
El hallazgo más importante de la investigación chilena, destaca Saucedo, es que en una derrota hay una menor activación de la corteza cingulada anterior, el control emocional y la capacidad de regulación, lo que varía según el nivel de fanatismo.
Entre las funciones de la corteza cingulada anterior, el control de impulsos y la respuesta al estrés, están la detección y corrección de errores y la modulación de las reacciones ante situaciones estresantes.
“Cuando está activa hace que tú tengas control cognitivo, regulación de emociones y que no te pelees; está monitoreando tus errores. Pero cuando esa área no está trabajando, no tienes tanto control ni regulación.
“Te puedes enojar, te puedes pelear, puedes aventar vasos, decir palabras altisonantes y tener muy poca tolerancia a la frustración; la resolución de conflictos no es la adecuada. Porque esa área se apagó”.
Valores para una convivencia sana
De ahí que Zamorano, el investigador chileno, aproveche el éxito de su estudio para promover el desarrollo cerebral, la empatía y la formación en valores desde la infancia.
“Esto es fundamental para vivir en sociedad, con responsabilidad y respeto”, dijo en una entrevista.





