Hace 8 días en este espacio me referí al criminal endeudamiento que los 2 gobiernos cuatroteros nos han impuesto a todos los mexicanos. Poco o nada se habla de eso, a pesar de sus trágicas consecuencias, principalmente para los más débiles. Reitero, además, que esa deuda multibillonaria se ha venido dilapidando en obras costosas, inútiles, dañinas al medio ambiente y repletas de latrocinios; y gran parte de ella se usa para comprar los votos de los menesterosos.
Sobre el uso ilegal e inmoral del erario en procesos comiciales, un líder social en ciernes hizo certeros y valientes reclamos de lo que sucedía en el año de 1996, y perseverando en ello ascendió. Va un ejemplo de lo que entonces enérgicamente reprochaba:
La única posibilidad que tiene el gobierno de mantener este sistema antidemocrático, radica en el gasto de grandes sumas de dinero en lo que hemos llamado elecciones de Estado. ¿En qué consiste una elección de Estado? Consiste en construir una red de promoción del voto en todo el país, desde aceras, manzanas, pueblos y comunidades, tomando como ejes las secciones electorales. Ponen a trabajar, contratan, tienen a sueldo a doscientas mil personas en todo el país, seis, ocho, diez meses o un año antes de la elección. Tienen una nómina enorme, visitan casa por casa, van viendo preferencias electorales, van amarrando votos, van haciendo listados, sacando compromisos a cambio de becas, el subsidio de la leche, la posibilidad de una vivienda. Ese es el esquema y demanda mucho dinero que sólo puede gastar el Estado, por eso les llamamos eleciones de Estado.
Con denuncias, sembrando odio, dividiendo al país y ofreciendo paz, progreso y felicidad a todos, 22 años después el caudillo redentor llegó a la presidencia.
¿Y qué fue de tan rutilante promesa? Resultó ser un rufián desquiciado que traicionó a millones que le creyeron y aumentó los vicios que ofreció combatir: concentró en él todo el poder, destruyó y doblegó instituciones, reeditó groseramente las elecciones de Estado, degradó los servicios públicos, propició más violencia y corrupción, se coludió con el crimen organizado e impuso a una corcholata, pero atrapada por los roedores que la rodean y aturdida por los grandes problemas nacionales. Mire usted: la que dijo que “patria se escribe con A de mujer”, ahora pidió a su secretario de Hacienda darse una vuelta por un mercado para enfrentar la carestía.
Por fortuna: mientras ellos se aniquilan a tarascadas, la población manifiesta en todo el país su indignación y su decisión de parar la destrucción de México.
Se requieren líderes que eviten la dispersión del voto opositor, para no fortalecer al inepto y nefasto oficialismo. A los ciudadanos en general, México solamente nos exige que hablemos sin miedo y que votemos en conciencia el próximo año.






