WILBERT TORRE / MÉXICO Y UN CONSEJO DE SEGURIDAD

SERENDIPIA

Papá, ¿va a estallar la tercera guerra mundial? El viernes hacíamos espera para pasar a la cita con la terapeuta, cuando uno de los pacientes, un adolescente de 14 años, hizo la pregunta en la sala.

El papá dijo que no estallaría un guerra provocada por el conflicto entre Estados Unidos e Irán. Los iraníes, dijo, habían respondido al ataque en el que resultó muerto un general y las cosas se habían calmado. Una señora cuya hija acababa de salir de la consulta, añadió: “El presidente López Obrador aseguró que no tomaría partido, así que podemos dormir en paz”.

“Mmmm. Okey”, dijo el niño no muy convencido. La conversación en la sala de la terapeuta viene como anillo al dedo para analizar dos escenarios opuestos. Parecen no estar en conflicto, pero lo están.

Un escenario está representado por la postura de AMLO —“No a la guerra, sí a la paz. México mantendrá una posición de neutralidad y no intervención” en el conflicto entre ambos países— y el segundo por otra definición de AMLO: México ocupará un asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU; “Tenemos el respaldo de los países de América Latina y el Caribe”.

¿Son compatibles estas dos posiciones? No lo son, ni remotamente. Si el gobierno mexicano ha decidido una postura de neutralidad y no intervención, la línea debería ser mantenerse al margen de espacios como el Consejo de Seguridad de la ONU, en donde los países están obligados a definir una posición a favor o en contra de Estados Unidos e Irán, o de otras naciones en conflicto.

En el régimen del PRI la política exterior mexicana siguió los principios de la Doctrina Estrada y postuló el rechazo de la práctica de reconocer o no a los gobiernos que llegan al poder por un medio que no es el previsto por la Constitución.

“Gobiernos poderosos —reza su texto— han aprovechado esto para obtener ventajas de los países débiles”. La Doctrina Estrada sirvió al régimen priísta. Gracias a ella otros gobiernos no pudieron inmiscuirse en asuntos internos, en una época marcada por las denuncias de fraude electoral y el uso de los cuerpos de fuerza para espiar y perseguir adversarios políticos en la guerra sucia de los 70. Participar como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU supone lo contrario: asumir una posición en medio de conflictos atravesados por intereses geopolíticos.

“Estar en el Consejo de Seguridad es comprar pleitos”, es una máxima de la diplomacia. Si México gana un asiento, deberá votar resoluciones a favor o en contra de Estados Unidos o de Irán.

México puede ser objeto de nuevas presiones de Trump para votar resoluciones: la repetición del papel de patio trasero. Si vota en contra del Tío Sam, podría repetirse la experiencia de 2003, cuando Collin Powell llamó indigna la posición de México.

Fox destituyó al embajador Aguilar Zínser y sobrevino un enfriamiento de las relaciones entre los dos vecinos el resto del sexenio.

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