WILBERT TORRE / AMLO: LUZ Y OSCURIDAD

SERENDIPIA

En 1897, en su segunda estancia en Tahití, donde 10 años antes había tallado imágenes en madera, Paul Gauguin pintó un cuadro y le dio un título singular, una bomba filosófica y una provocación: “¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿A dónde vamos?

Gauguin era precursor del arte moderno y su trabajo era incomprendido y poco difundido fuera de Europa. Se acercó a la vida común de los tahitianos, quienes al encontrarlo al paso le preguntaban: “¿Quién eres?” “¿De dónde vienes?” “¿A dónde vas?” La idea que dio vida a este cuadro representa uno de los enigmas perennes del ser humano y puede servir para revisar al país en el primer informe de AMLO.

DE DÓNDE VENIMOS?

De la decadencia del neoliberalismo, en el gobierno de Enrique Peña, que según los últimos hallazgos superó sus pecados de lavado de dinero y corrupción. Empresarios han confirmado que se actuaba contra ellos como delincuencia organizada en el poder. Una red de extorsión operaba desde Los Pinos. Hoy se cocinan denuncias contra los hombres más importantes del círculo de Peña. La corrupción y la impunidad política se han reafirmado como los obstáculos más importantes. Tocamos piso.

A DÓNDE VAMOS?

El saldo es de luces y sombras. Nadie conoce el país como AMLO, pero el gobierno ha batallado para convertir las aspiraciones en deseos satisfechos. Seis de cada diez personas están inconformes con la desaparición del Prospera y de las guarderías, en lugar de mantener lo que era funcional, corregir y limpiar. La mayoría rechaza la desaparición del Seguro Popular y el programa Jóvenes Construyendo el Futuro ha replicado el cáncer del obradorismo: buenas intenciones contra malas ejecuciones. En seguridad estamos peor en número de muertos.

¿QUÉ SOMOS?

Una democracia cuyas fragilidades se han confirmado también. Un sistema político que en general sólo cambió de dirección para respaldar al gobierno en turno. Si el gobierno logra superar un inicio fallido y reponer y relevar los programas sociales de salud y seguridad, estaremos viendo el otro lado de la orilla. Si no lo logra, estaremos ante el fracaso de la izquierda, la última de las opciones que nos restaba por poner a prueba.

Es prematuro para determinar que la transición política se ha malogrado, pero el gobierno va a destiempo en la puesta en marcha de sus obras y programas. La campana ha sonado para advertir que el periodo de prueba llegó a su fin. El gran desafío del Presidente es comenzar a reconocer errores y corregir y defender las instituciones y presupuestos para enderezar el rumbo. Guardar el presupuesto no significó ahorrar y sí desacelerar la economía. No resta mucho tiempo para pasar de un gobierno de buenas intenciones a uno eficaz que logre rescatar al país de la impunidad y la delincuencia en el poder.

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