Wilbert Torre

SERENDIPIA

Azúcar Morena 

Una de las ideas más pronunciadas tras la elección presidencial es que poco ha cambiado y que el país continuará siendo gobernado por el viejo PRI, las estructuras del túnel del tiempo y un presidencialismo más a ultranza que nunca.

Me parece un punto de vista que no ayuda a entender el tipo de poder que ejercerá Andrés Manuel López Obrador: la línea o la no línea que descenderá de la Presidencia, el trato que el Ejecutivo dispensará a los otros poderes, y el camino que trazarán las cámaras del Congreso como un poder independiente.

Todo eso pasará por un puente único: el poder de los liderazgos de Morena en las cámaras: Martí Batres en el Senado y Mario Delgado en la Cámara de Diputados.

¿Será semejante al liderazgo absoluto de Fernando Arana en el climax del salinismo? ¿Se parecerá al mandato lúcido y severo de Porfirio Muñoz Ledo en la primera mayoría de oposición?

La sesión de ayer dejó asomar algunas pistas. Relevo de personajes, fusión de viejas y nuevas formas, y roles y liderazgos bajo un ritmo sincopado que podríamos llamar “Azucar morena”, o “¿Dónde quedó la burbuja?”

Todo empezó cuando el diputado Santiago González Soto le preguntó a Muñoz Ledo en calidad de qué acudió al acto de Peña en Palacio Nacional: ¿A título personal o como representante de la Cámara?”

“¡No acepto ninguna censura!”, rugió Muñoz Ledo desde la Presidencia. “Y quiero decir que el diputado Adame (vicepresidente), como yo, fuimos agredidos por otro miembro de este Congreso”.

Muñoz Ledo se refería a Gerardo Fernández Noroña, diputado por la coalición Morena-PT-PES, quien la víspera había intentado entrar al acto de Peña.

El Estado Mayor lo frenó y solo pudo pasar Muñoz Ledo, mientras Fernández le pedía intervenir. Cuando Muñoz Ledo siguió su camino, una persona le gritó traidor y después otros insultos.

Al escuchar a Muñoz Ledo acusarlo ayer, Fernández saltó de su curul:

“¡Usted está mintiendo y exijo el uso de la palabra!”

“No se lo permito porque usted fue el agresor”, dijo Muñoz Ledo, engallado y alzando la voz.

Fernández subió las escaleras y se apoderó de un micrófono en la mesa directiva.

“Es usted un insolente”, escupió.

“No soy un insolente…Usted es un golpeador”, le dijo Muñoz Ledo.

Un corto circuito como el de ayer hubiera activado enseguida a “la burbuja” de la mayoría priísta, el núcleo de diputados que apagaba revueltas e incendios en las emergencias.

Mientras Muñoz Ledo y Fernández, compañeros de bancada, reñían ante todos, Mario Delgado, líder de la mayoría de Morena, parecía un distraído observador en San Lázaro.

Y cuando Muñoz Ledo pidió al pleno votar si le concedía la palabra a Fernández “para que no parezca autoritarismo”, la mitad de la diputación de Morena votó sí y la mitad que no, junto con la oposición.

De las tribus del PRD al azúcar morena.

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