Wilbert Torre

SERENDIPIA

El enigma Nuño

Los priistas no pierden la esperanza en José Antonio Meade. Pese a que reconocen que no ven una estrategia en el cuarto de guerra, están convencidos de que la pre campaña no es el momento idóneo para explotar todo su potencial.
Anticipan –en realidad esperan y desean– que sea a partir de abril cuando el ex secretario de Hacienda “diga lo que debe decir” y, sobre todo, más importante que cualquier cosa, logre explicar a los electores, “con emoción e inteligencia”, por qué elegirán en él a un funcionario honesto y eficiente que se propone llevar adelante una profunda transformación del país.
Pero mientras tanto el priismo ve con desconfianza el avance de la pre campaña, una mole que no se mueve hacia una dirección específica y que un día tiene a Meade convocando a la unidad y al día siguiente soltando frases llenas de esa ocurrencia tropical de la que tanto se burlan en López Obrador.
Dos ejemplos claros son la puntada de llamar nini al tres veces candidato a la presidencia, lo que muestra a Meade poco sensible ante la situación de millones de jóvenes que no estudian ni trabajan porque no pueden, o cuando al estilo Fox (“arreglaré la guerra en Chiapas en 15 minutos”), el precandidato priista prometió que si gana, los niños que nazcan en su gobierno estarán libres de la pobreza extrema.
¿Cómo va a hacer Meade para solucionar algo que no han resuelto los gobiernos priistas en cerca de 80 años? Se preguntaban ayer algunos priistas.
Creen que un foco clave de desorientación es la jefatura de campaña que recae en Aurelio Nuño. Un ejemplo es la entrevista que tuvo ayer con Ciro Gómez Leyva, en la que el ex secretario de Educación, a su juicio, dejó ir vivo a López Obrador cuando dijo que el PRI planeaba ganar con 20 millones de votos.
“Era más valioso lo que dejó de decir, que lo que dijo”, aventuró uno al referirse a los votos con los que López Obrador sostiene que ganará la presidencia: 17 millones.
“¿De dónde se inventa López Obrador esa cifra?” –preguntaban los priistas y se desesperaban escuchando las respuestas sin rumbo del jefe de campaña–. “¿Por qué Nuño no dijo que López Obrador perdió hoy el voto del PRD y de MC que tuvo hace seis años” ¿Por qué no habló de una izquierda y una derecha partidas y de un priismo unido? ¿Por qué no se ve en Nuño la visión y la narrativa de un jefe de campaña que le abre camino al candidato?
Un jefe de campaña es un experimentado operador político y un estratega; un constructor de redes y relaciones; un profundo conocedor del país, un conciliador y un cuarto bat que da el batazo preciso y pone la bola al otro lado. Es la cara, el pensamiento, los ojos y los oídos del candidato.
¿Qué características reúne Nuño de todas estas? Se preguntan.

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