Wilbert Torre

SERENDIPIA

Señales

El mundo está repleto de señales. En la casa, en un parque, en un lugar público. Todo el tiempo ante nosotros en forma de corazonada o de pensamiento persistente que no abandona nuestras cabezas; pero ocurre con cierta frecuencia que no las vemos, o preferimos darles una condición de inadvertidas por miedo, o por evadirnos, o por comodidad.
Las señales también merodean el mundo de la política y de manera habitual los políticos las ignoran, incapaces de mirarlas en parte porque solo se les encuentra en esa isla llamada calle que los políticos no frecuentan. ¿Qué significa un abucheo para un presidente? ¿Cómo puede crearse un abismo entre un programa de gobierno visto por la burocracia y la forma en que los ciudadanos lo perciben? ¿Qué señales anticipan o no un cambio radical?
La elección de presidente en 2018 está desde luego llena de señales. En las plazas, en los mercados, en los restaurantes. Los candidatos están ante ellas y cada quien las advierte o las ignora como puede o como quiere. Pero están ahí, todo el tiempo, como una ubicua señal de ALTO ante nuestros ojos.
El otro día pensé en esas tercas señales cuando mi amiga Sonia salió de sus clases de francés y como el doctor le prescribió una dieta, puso esa señal en estado de espera y se fue a comer tacos al Califa de León de Reforma.
El local es un cubo transparente de cristal donde puede verse lo que ocurre dentro y en la calle, así que desde su silla mi amiga vio llegar a un gobernador, o eso creyó. ¿Qué gobernador viene a una taquería en medio de la cosecha de Los peores gobernadores de la historia? Se preguntó. ¿Cuántos políticos en México pueden visitar la calle sin que la gente los insulte?
Era él. Inconfundible el bigote negro y picudo, como en estado de alerta. Javier Corral, el gobernador de Chihuahua, llegó acompañado de tres personas, esperó una mesa y cuando se liberó una, se sentó de espaldas al muro de cristal que da a la calle.
Un comensal se puso de pie y le pidió una fotografía. Otros lo saludaban o lo miraban de reojo y sonreían ante la presencia del gobernador panista, un opositor serio y persistente que tiene al PRI contra la pared con una investigación que ha confirmado dos verdades populares: el dinero de los ciudadanos se desvía a las campañas políticas y los gobernantes utilizan el presupuesto para pagar favores o castigar opositores.
Corral estuvo en el restaurante sin que nadie lo impugnara o le reclamara nada (todo lo contrario), pese a que casi todos los medios le tundieron ese día, acusándolo de utilizar políticamente el asunto.
En la guerra por la presidencia, Corral ha logrado acorralar al PRI. Con reflejos de paquidermo, el señor de los moscas se queja de que en su sopa hay una.

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