Wilbert Torre

SERENDIPIA

Las joyas de la elección

Cada elección presidencial es distinta. Los resultados atraen la atención de todos, pero la campaña es una vitrina de pequeñas joyas formada por hechos que revelan alguna modificación trascendental en la vida política del país. Aquí, unas de las más relevantes de la elección 2018:

–La caída de la tecnocracia.

Ha sido la peor campaña para la estirpe de tecnócratas que ascendió al poder en los 80. El saldo de cuatro gobiernos –De la Madrid, Salinas, Zedillo y Peña con la influencia decisiva de Videgaray y Meade– es un frágil crecimiento económico, la depauperación de la población y la concentración de la riqueza. Estas condiciones, sumadas a la crisis de violencia y la corrupción, han abierto el camino para elegir a un político de viejo cuño y desplazar a la tecnocracia.

–La fragmentación del férreo control priista.

Los gobiernos solían activar instrumentos para controlar la narrativa y el comportamiento de la elección. Pese a que gastó más en publicidad oficial que sus antecesores (más de 40 mil millones de pesos) el gobierno de Peña no logró controlar a los medios tradicionales, que publicaron con puntualidad las encuestas que han mantenido a López Obrador como puntero. La pérdida de control en ese territorio se agravó con la irrupción de las redes sociales, con una influencia similar a la que la televisión de los años 80.

–Los peligros del acceso VIP al poder.

No es nueva la creación de personajes políticos que de pronto irrumpen en la política nacional. Colosio y López Portillo fueron figuras cuyo ascenso moldeó e impulsaron decididamente los presidentes en turno (Salinas y Echeverría). Lo distinto en esta elección y en las que la precedieron en los estados, es el ascenso de una clase política representada por figuras sin trayectorias significativas o minadas por sospechas de corrupción y una ideología más flexible. Borge y los Duarte abrieron camino y la candidatura de Anaya representa el punto culminante del ascenso VIP al poder.

–La pérdida de credibilidad y confianza del Instituto Nacional Electoral y los tribunales electorales. Sin saber cuál será su actuación tras la elección, dejaron mucho qué desear en la campaña. Podríamos frasearlo con un trabalenguas: es urgente la despartidización de las instituciones.

–El debilitamiento del bipartidismo dominante en el país las últimas décadas.

La irrupción de Anaya, una de esas criaturas concebidas desde el poder, está por provocar un cambio drástico en el sistema político. Del dominio de un gobierno de facto PRI-PAN el país podría volver de golpe a los tiempos del poder presidencial casi absoluto, con un presidente que se erige sobre los pilares de la mayoría de su partido en ambas cámaras.

–La morenización.

El crecimiento del partido de López Obrador es un fenómeno. En poco más de cinco años podría pasar de una fuerza en emergencia a gobernar el país y una parte importante del Congreso.

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