Wilbert Torre

SERENDIPIA

Cambio de paradigma

-Una y otra vez se formula la misma pregunta, al tiempo que se plantean teorías sobre cómo y cuando este asunto complejo se salió de control, y se discuten otras experiencias y eventuales soluciones para frenarla.

Pero la verdad es que en las campañas y en la vida diaria no estamos logrando discutir y encontrar alternativas a un problema que debiera dominar la agenda de los candidatos: Nos estamos matando. ¿Cómo contenemos esta tendencia que tanto ha lastimado y fragmentado a la sociedad?

El asunto ha estado presente en la campaña, mas como un ruido mediático, que a manera de una discusión seria, amplia e integral.

Andrés Manuel López Obrador ha mantenido un discurso deliberadamente ambiguo sobre los alcances y propósitos de una amnistía, mientras sus adversarios, José Antonio Meade, del PRI y Ricardo Anaya, del PAN, han utilizado la vaguedad de esa propuesta para advertir que una decisión de esa índole dejaría en libertad a secuestradores, narcotraficantes y sicarios.

¿Cómo y cuándo se agudizó la espiral de violencia en el país?

Un momento decisivo es cuando Felipe Calderón visita la Casa Blanca en calidad de presidente electo y le propone a George W. Bush pactar una sociedad financiera y militar contra el narcotráfico en México.

“¿Ha visto 24 horas, la serie de Jack Bauer?”, preguntó Calderón sobre el famoso programa en el que un agente cuenta con todos los recursos bélicos y tecnológicos para evitar catástrofes. Bush asintió. “Pues quiero todos esos juguetes”, dijo Calderón.

Al pactar esa alianza con Estados Unidos, Calderón no contuvo una catástrofe y al hacerlo tensó aún más las estructuras de un modelo de combate a las drogas basado en el uso de la fuerza. Al hacerlo, detonó una ola de violencia que en su gobierno produjo más de 100 mil muertos y 25 mil desaparecidos.

De la misma manera en la que Calderón anticipó en campaña su propósito de llevar al extremo ese modelo represor, ahora Olga Sánchez Cordero plantea un cambio de paradigma si López Obrador gana la elección de julio.

“La guerra mundial contra las drogas ha fracasado”, dijo. “No comparto las soluciones simplistas o totalitarias, como la ide de un mundo libre de drogas. Tenemos que estar dispuestos a discutir —abiertamente— la necesidad de realizar acciones institucionales multilaterales a escala internacional”.

Las palabras de Sánchez Cordero son relevantes porque sugieren un replanteamiento radical en las políticas anti drogas, sobre la idea de que no se aporta nada a la paz legislando sobre la base de más punición penal y con la confrontación permanente.

Sánchez Cordero, quien podría ocupar la Secretaría de Gobernación en una administración obradorista, ha planteado que la estrategia contra los cárteles debe tener un enfoque de medidas de prevención, de lavado de dinero y el uso de inteligencia en cuanto a los recursos de procedencia ilícita.

Este cambio de paradigma en la campaña de López Obrador recoge la propuesta de solución integral que plantearon la Caravana por la Paz y otras organizaciones que han exigido al Estado replantear las políticas anti drogas.

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