Wilbert Torre

SERENDIPIA

Criaturas 2: La creación de Anaya

En siete décadas de historia, los presidentes encumbrados bajo las siglas del PRI crearon y favorecieron el crecimiento de personajes políticos útiles al sistema para lograr una doble acción compleja: desestabilizar a la oposición y aprobar las agendas legislativas de los gobiernos del PRI o del PAN, conquistados en contiendas abiertas, pero más tarde fundidos en el ejercicio de gobierno, aprobando en tándem una montaña de reformas en años recientes.

En las últimas décadas esos personajes surgieron de manera destacada del PAN, a cargo de una misión capital: hacer avanzar las reformas y los programas de gobierno surgidos de la alianza legislativa formada por el PRI y Acción Nacional.

El presidente Carlos Salinas eligió para cumplir ese papel a Diego Fernández de Cevallos. Eran los 90 y el barbudo del puro a quien los diputados priístas llamaban “El Jefe”, comenzaba a transformarse en una pieza esencial en la aprobación de las reformas salinistas desde el estratégico puesto de líder de la bancada panista.

Poco faltó para que Fernández de Cevallos viviera en Los Pinos, co gobernando con Salinas.

Treinta años después, presionado por la necesidad de sacar adelante en el Congreso las reformas estructurales, el peñismo encontró en Ricardo Anaya al hombre que necesitaba para hacer un trabajo.

En contraste con “El Jefe” Diego, Anaya tenía una carrera política inexistente y en punto muerto. Era todo un desconocido (casi un apestado, lo describió un panista que coincidió con él) y no formaba parte del grupo de diputados aliados de Madero, que en esa legislatura se hizo famoso por el cobro de “moches” a los alcaldes, a cambio de presupuesto para construir obras.

La batuta de las negociaciones corría a cargo de Luis Videgaray. Cuando las iniciativas estaban a punto, surgió un contratiempo: necesitaban encontrar un diputado que fuera dócil para obedecer órdenes y hábil y listo para controlar las sesiones desde la Presidencia de la Camara, en la discusión de las reformas más peliagudas del Pacto Por México.

Entonces, la mirada de Madero se dirigió al tímido diputado, “el guerito de lentes”.

Desde la Presidencia de la Cámara, Anaya se lució y se tomó todas las fotos con Peña que le han exhibido en la campaña, mientras los diputados panistas adictos  a los moches disfrutaban su luna de miel con Los Pinos.

La decisión no fue anecdótica y tuvo efecto en las instituciones. Era la segunda vez que el órgano garante de la ley y la conducción de las sesiones en la Cámara, un puesto ocupado regularmente por parlamentarios con una importante experiencia acumulada, era puesta en manos de un inexperto.

En el otoño de 2006, Manlio Fabio Beltrones había nombrado secretaria de la mesa directiva (segundo puesto en importancia) a Ivonne Ortega Pacheco sin que tuviera ninguna experiencia previa en el Congreso Federal. La secretaría de la mesa fue la plataforma para lanzar la candidatura de Ivonne Ortega, menos de tres  meses después.

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