Wilbert Torre

SERENDIPIA

Voto de ruptura

En las encuestas posteriores al debate, las preferencias de José Antonio Meade volvieron a bajar, Ricardo Anaya creció tres puntos y se afianzó en el segundo lugar, lejos del primero entre 21 y 9 puntos, y López Obrador creció hasta ocho puntos en algunas encuestas y en otras mantuvo sus tendencias de votación inalteradas, pese a su mal desempeño en el debate.

El lunes 23 de abril en el Estado de México, impulsado quizá por el mal sabor de boca, AMLO lanzó una bomba trece horas después del debate: “Ya rebasamos los 50 puntos en intención del voto y puede llegar al 70%”.

López Obrador juega su juego favorito: la polarización. Al retomar en el Estado de México el discurso de la mafia del poder (que había prometido a su esposa no volver a emplear), el tabasqueño ha colocado su apuesta principal en radicalizar a los electores en torno a esos contrastes, que a diferencia de los que intenta subrayar Meade, a AMLO le funcionan porque tienen anclaje en una sólida mayoría de mexicanos que no votarían por el PRI y están en desacuerdo con el rumbo del país.

El juego que juegan Peña y el PRI puede ser un suicidio. En sentido opuesto a las dos campañas anteriores, la idea de que López Obrador es un peligro se ha diluido ante una realidad de miedo: más muertos que un sexenio atrás, una devaluación del peso mucho más aguda que con Calderón y una economía familiar desastrosa para los más pobres.

El discurso de la mafia del poder es probablemente su mejor activo en este momento. En un país sumergido en una profunda crisis política, económica y social, al ciudadano común no parece importarle contrastar ideas de país y propuestas, y se inclina por el candidato que representa lo contrario al sistema con el que está inconforme.

Jorge Castañeda escribió en El Financiero: “Es la intensidad, ‘stupid’, como la economía de Clinton. No dudo que Romo o Clouthier sean sinceros en su moderación. Pero no se les va la vida en ello. A la ‘ultra’ del Peje sí se le va la vida en su apoyo a la revolución”.

La encuesta de abril en El Universal otorga a AMLO más de 50 puntos. ¿Esos potenciales electores a los que Castañeda llama estúpidos y pejezombies, son obradoristas? Una ancha franja no lo es. Son los ciudadanos hartos de la corrupción, la impunidad, la violencia, la economía que no alcanza.

Es el mar inmenso al que López Obrador ha estado provocando y provocará en las próximas ocho semanas para ampliar el universo ciudadano que liga la condición del país con los gobiernos del PRI y del PAN, para hacerlos entrar en su buchaca: la opción del cambio radical. Es el voto de la ruptura.

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