Wilbert Torre

SERENDIPIA

Dos AMLO

Después de dos elecciones, hoy podemos llegar a una conclusión redonda: existen dos tipos de Andrés Manuel López Obrador, radicalmente distintos entre sí. Uno de ellos, no sabemos aún cuál lo llevará a ganar o a perder en su tercer intento por ganar la Presidencia.

Existe un Andrés Manuel López Obrador absolutamente opuesto a la idea de un debate, entendido como la confrontación de ideas. En el primero de ellos, el domingo por la noche, López Obrador (des) lució como un candidato poco preparado para discutir, evasivo e incapaz de explicar sus propuestas.

¿Cómo es posible que casi cuatro meses después López Obrador no sea capaz de explicar la iniciativa de amnistía? En el intento de escurrir una de las propuestas más sensibles para los familiares de las personas asesinadas o desaparecidas, AMLO habla ahora de un plan de reconciliación nacional, y entonces nadie entiende nada.

¿Habrá una amnistía? ¿Beneficiará a las más de 300 mil personas que permanecen en la cárcel por posesión y consumo de mariguana? ¿Liberará a los campesinos presos cuyas comunidades no tienen otra opción más que sembrar amapola? ¿Dejará en libertad a extorsionadores y asesinos como especula José Antonio Meade?

El domingo no encontramos respuestas porque López Obrador fue incapaz de explicarse, o no quiso hacerlo. Al asumir esa actitud, aparece como un político soberbio, de esos que en México prefieren imponer y no discutir y consensuar.

El otro Andrés Manuel López Obrador es el que se desplaza y embiste como un toro de lidia en los actos de campaña, mostrando un gran arrastre entre la gente.

Tras el debate del domingo, AMLO visitó Ixtapaluca, Estado de México, en donde pronunció un largo discurso para explicar que la amnistía trata de resolver el problema “de los jóvenes a los que el Estado abandona y cuando toman la opción del narco, los acribilla con una ametralladora”. Por eso, dijo ayer, “es importante entender: primero los pobres”.

El territorio de los mítines es donde López Obrador luce más cómodo. Se le ve alegre y no enojado; se le ve seguro y no titubeante; se le ve echado para adelante quizá porque se trata de aguas que no le son adversas, ni le plantean controversias o cuestionamientos.

Es en mítines donde López Obrador da rienda suelta a un discurso en el que explica que el país necesita una cuarta transformación y machaca una, dos y hasta en tres ocasiones –como ayer–, que “son dos modelos de país los que se enfrentan en estas elecciones”, y que la opción es un cambio radical, o que el país continúe secuestrado por un grupo de intereses.

“La mafia del poder se está preparando para ir unida”, dijo AMLO tres veces, y pasó a la ofensiva: pidió a cada uno de los habitantes de Ixtapaluca convencer a diez personas más de votar por él, y de comprometerse a cuidar las casillas.

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