Wilbert Torre

SERENDIPIA

Ocho

la cuenta de ocho rounds, con los ojos achinados por la hinchazón, Wilfredo Gómez cayó bajo un vendaval de golpes lanzados por Salvador Sánchez, el campeón mexicano que defendía su cinturón en Las Vegas, en agosto del 81.

Hincado y aturdido por los gritos de la arena, Gómez, un puertorriqueño con una boca del tamaño de una catedral que había proclamado a todos los vientos que vencería al joven ídolo Sánchez, se quedó anclado en la lona, tambaleándose hacia adelante y atrás como el péndulo de un viejo reloj.

Cuando se levantó a la cuenta de tres, el réferi detuvo la masacre.

Ayer recordaba esta pelea, uno de los clásicos en la historia del box mexicano. Tenía 14 años y por alguna razón una parte de mi cabeza conservó para siempre el número en el que el boricua cayó: el octavo episodio.

A la cuenta de ocho días iniciarán las campañas a la presidencia, en unas elecciones que encuentran al país en una de sus peores crisis a consecuencia del desprestigio y la corrupción masiva en la política.

Meade llega al inicio de la campaña igual que Wilfrido Gómez: en la lona. Si la estrategia del cuarto de guerra del PRI funciona, Meade deberá levantarse del piso para empezar el 30 de abril –en ocho días– en el segundo lugar de la contienda. ¿Podrá reponerse y ganar?

Dependerá en gran parte de Andrés Manuel López Obrador, un peje con una boca del tamaño de una orca. Una de las partes esenciales de la estrategia tejida en Los Pinos y el equipo de Meade descansa en aprovechar las debilidades del tabasqueño para destruirlo.

“Con López Obrador sabes que hace lo que dice”, ha dicho Meade como quien prepara el cuchillo para sacar los mejores tajos de todo lo que diga AMLO.

Tras dejar atrás a Anaya, la estrategia de la campaña priísta se concentrará en un objetivo al inicio de abril: mostrar a ya sabes quién tal cual es. Despojarlo de los halos que lo cubren y desnudarlo como es.

El nocaut de Wifrido Gómez en Las Vegas fue resultado de la acumulación. Antes de acorralarlo en las cuerdas, Sal Sánchez le descargó tres ganchos al hígado, lentos y devastadores, que lo dejaron listo para el matadero.

Los tres ganchos que tienen a López Obrador a punto de ganar por nocaut son el anti priismo, la corrupción y el descenso de sus negativos. El plan de Meade es soportar la gran tormenta de corrupción y complicidades que se le vienen encima, y prepararse para mostrar a López Obrador como el político sin ideas e intolerante de siempre.

Al hacerlo, Los Pinos y el equipo de Meade confían en que cambiarán el curso de la elección: la desesperación y el enojo alcanzarán a López Obrador, y podrán rebasarlo por la derecha.

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