Wilbert Torre

SERENDIPIA

Durmiendo con el enemigo

En los años ochenta la actriz Julia Roberts irrumpió en Hollywood con una serie de películas que tocaron fibras sensibles. En una de ellas, Durmiendo con el enemigo, la espigada actriz da vida a una mujer que decide aprender a nadar para escapar de los abusos de un marido golpeador.
El otro día, chapoteando en las playas de Sisal, un amigo evocó la escena de la fuga en la que la esposa se enfrenta a un mar embravecido y logra escapar del marido, para referirse al enorme reto que enfrenta José Antonio Meade, candidato del PRI a la presidencia.
En una campaña política, ha enseñado la experiencia, gana el candidato que comete menos errores, y en el inicio del trayecto para intentar ganar la presidencia, Meade parece haber cometido algunas pifias significativas al decidir o pactar la designación de candidatos a los que las faunas de políticos locales vaticinan un fracaso en la cosecha de votos en la elección de julio de 2018.
Un ejemplo es Yucatán, en donde al designar candidato al gobierno del Estado el PRI de Enrique Ochoa, y ahora de Meade, se metió a Guatemala, como dice el refrán, al postular a Mauricio Sahui al gobierno del Estado, para después meterse a guatepeor, al postular al candidato a la alcaldía de Mérida al diputado federal Francisco Torres.
A los dos priistas la fauna local les concede un solo mérito: ser incondicionales de la ex gobernadora Ivonne Ortega Paheco, con quien Meade evidentemente pactó las candidaturas de Sahuí y de Torres, quienes formaron parte del gobierno que encabezó la sobrina y émula fallida de Víctor Cervera Pacheco.
Los principales grupos políticos del estado no les otorgan grandes posibilidades de ganar. En ambos casos, dicen, Meade cedió a las presiones políticas que lo obligaron a postular candidatos que en lugar de sumar a su candidatura es muy posible que terminen por minarla en la elección que se anticipa como la más competida en la historia del país.
¿Meade está durmiendo con el enemigo?
Se preguntan en Yucatán los grupos políticos que ven en Sahuí a un priista sin méritos suficientes para alcanzar la postulación a la gubernatura y en Torres, el candidato a la alcaldía de Mérida, a un ex secretario de Obras a quien los yucatecos reconocen por haber dirigido obras inconclusas en la capital, desde luego oportunamente cobradas a la ciudadanía. El PAN no quiso quedarse atrás y también nombró en Mérida a una pésima fórmula al Senado.
Para ambos partidos cabe la pregunta: ¿Se trata de jugar a ganar o a perder?
Mientras los dos partidos más antiguos en el estado juegan a perder, Andrés Manuel López Obrador, quien obtuvo 150 mil votos en Yucatán hace seis años, despedirá 2017 con una gira de cinco días por municipios simbólicos como Chemax, tierra de opositores al cacicazgo cerverista, y en Motul, la cuna de Felipe Carrillo Puerto.

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