Wilbert Torre

SERENDIPIA

La sacudida

Todos sabíamos que vendría. Que la sacudida del sistema político tras el triunfo de Andrés Manuel López Obrador sería parecida a esas turbulencias que te hacen rezar cuando estás en el aire. Lo que vimos hace unos días en la manera en la que los Poderes Ejecutivo y Legislativo enfrentaron alPoder Judicial, casi siempre intocable y para muchos el último reducto del llamado “viejo régimen”, es justamente el estremecimiento previo a la fundación de un nuevo régimen político, bajo unas nuevas reglas.

Rodeado como nunca de simpatías y opositores, el presidente López Obrador institucionalizará pronto los rasgos de un régimen cuyos aciertos, estilos, excesos y debilidades irán apareciendo sobre la marcha de los acontecimientos, como ha sucedido en las últimas semanas.

Una sacudida tiene el efecto desequilibrante de un temblor. El problema de un cambio de gobierno, o de un destino más complejo como sepultar e implantar un nuevo régimen, son las fracturas que se producen, con toda su saga de injusticias, ridículos, errores, exabruptos y otras características de la condición humana, que combinada con la política, ya se sabe, puede producir resultados explosivos. Lo que estamos presenciando ahora mismo es el desdoblamiento de Andrés Manuel López Obrador, sin ninguna duda el político que mejor ha diagnosticado al país, en el Presidente que toma decisiones que afectarán para bien o para mal la vida de millones de habitantes.

López Obrador tiene claro el camino de su régimen: austeridad en el gobierno, cero tolerancia a la corrupción y pacificar al país pueden ser tres de las más importantes promesas y compromisos del Presidente.

Y para cumplirlas, parece dispuesto a todo: a militarizar al país con la guardia nacional -eso es, sin eufemismos-, a despedir entre 15 y 20 por ciento del personal de confianza del gobierno, y a reducir los salarios de la burocracia dorada, pero también de los de más abajo, contrariando su palabra de que los más vulnerables no serían afectados.

En casi todas las secretarías de Estado el recorte planteado por el presidente es de 20 por ciento del personal de confianza. En la Semarnat, la semana pasada la nueva administración empezó a despedir a choferes que ganan 8 mil pesos al mes. Estas son algunas de las injusticias que está produciendo el cambio de régimen.

Por otra parte, hay una orden para despedir a los trabajadores eventuales de la administración pública, lo que pone en relieve la falta de estrategia en la forma de ejecutar los cambios ordenados por el Presidente.

Una buena parte de los directores generales en instituciones de primera importancia como la PGRfueron contratados bajo ese régimen, de modo que los recortes del plan de austeridad podrían provocar el despido de personal en áreas vitales de la administración pública.

La sacudida también ha expuesto excesos. El nuevo administrador de Aduanas, Ricardo Peralta, ha sido denunciado por citar a varios funcionarios para interrogarlos acerca de si votaron por el PRI o por Meade, al más puro estilo de cómo se hacían las cosas en el “viejo régimen”.

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