Wilbert Torre

SERENDIPIA

AMLO, el Ejército y García Luna

En estos días de calor otoñal dos asuntos relevantes han coincidido en un fuego cruzado de declaraciones: el juicio del Chapo Guzmán y el Plan de Seguridad Nacional anunciado por Andrés Manuel López Obrador.

En medio han saltado los nombres de actores e instituciones que han jugado un rol importante en la historia reciente del narcotráfico: la Casa Blanca, los presidentes Felipe Calderón, George Bush y Barack Obama; el Ejército mexicano y un personaje oscuro, Genaro García Luna, a quien el escritor Yuri Herrera ha llamado el Rasputín personal de Calderón.

En esta historia se entrelazan la creación de la Policía Federal tras la victoria de Calderón y el pacto de la Casa Blanca, en noviembre de 2006, con el que el presidente electo y el presidente George Bush acuerdan desatar la guerra contra el narcotráfico.

Un mes después, en la primera reunión del gabinete de seguridad, Calderón preguntó cuál era la fuerza para enfrentar al narco.

–La Policía Federal Preventiva tiene seis mil elementos, pero pertenecen al Ejército– dijo García Luna. Agregó que las instituciones de seguridad estaban podridas y que la única alternativa era una nueva Policía Federal.

Unos meses antes, Andrés Manuel López Obrador se había reunido con el embajador estadounidense Tony Garza. En un desayuno en enero de 2006, López Obrador dijo que planeaba dar a los militares más poder y autoridad en las operaciones antinarcóticos porque eran la fuerza menos corrupta y la más efectiva.

López Obrador perdió dos elecciones y hasta ahora ha anunciado la creación de la Guardia Nacional en donde convergerán el Ejército y la Marina. También dictó la muerte técnica de la policía que construyó García Luna con el respaldo de la Casa Blanca y de la Iniciativa Mérida, por medio de la cual, el gobierno de Bush capacitó a miles de policías y entregó al gobierno mexicano helicópteros y armamento.

El proyecto de Genaro García Luna, que incluyó la Plataforma México, un sofisticado centro de concentración e intercambio de inteligencia, comenzó a derrumbarse al término del gobierno de Calderón.

La Policía Federal que diseñó de la mano de Bush y de la secretaria Hillary Clinton siempre despertó las sospechas del embajador Garza, que advirtió a la Casa Blanca que le preocupaban la falta de pericia de García Luna para controlar a sus subordinados.

Antes del triunfo de Obama al gobierno de Estados Unidos, le preocupaban los niveles de corrupción en las instituciones mexicanas, mientras el director de la Policía Nacional de Colombia, que había entrenado a miles de policías mexicanos a petición de Estados Unidos, había advertido a García Luna que si no mejoraba los procesos de selección de sus elementos, dejaría de prepararlos.

Unos años después, el Rey Zambada declara que García Luna recibía dinero del cártel de Sinaloa a cambio de protección y López Obrador ha dado forma, finalmente, a la idea de darle todo el poder y la autoridad a los militares en el combate al narcotráfico.

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