Wilbert Torre

SERENDIPIA

El primer regaño

Desde que ganó la elección, podría decirse que Andrés Manuel López Obrador vive en su propio laberinto, un camino accidentado de indefinición y frágiles certezas entre las obras y programas que continuará su gobierno y aquello que eliminará como un cáncer que no cabe en un cuerpo nuevo.

El trayecto a la toma de las decisiones es azaroso y caótico. Hay señales cruzadas y confusión, condiciones con frecuencia alimentadas por los vaivenes del propio Andrés Manuel López Obrador.

En el curso de un río mediático plagado de declaraciones que un día dicen sí, al otro tal vez y al siguiente que siempre no, es difícil que las señales turbias o equívocas no siembren sólo dudas, sino división dentro del equipo de secretarios y colaboradores cercanos de AMLO.

En esta atmósfera de río revuelto, llegó el primer regaño de López Obrador a sus secretarios.

Todo empezó la semana pasada, cuando en un diálogo con habitantes de Atenco que se oponen al nuevo aeropuerto, al final unos niños que acompañaban a sus padres pidieron a los secretarios que definieran si estaban a favor del lago o de la obra.

Román Meyer, futuro titular de la Sedatu, fue el más moderado y casi no se apartó de la sugerencia, orden o instrucción (todo depende de quién interprete las señales) que AMLO les dio desde el inicio de la transición: “No se metan a fondo en los temas. No declaren nada que comprometa”.

Pero las secretarias Josefina González Blanco, de Medio Ambiente; María Luisa Albores, de Bienestar, y Alejandro Encinas, subsecretario de Derechos Humanos, se volaron la barda –así como los macanazos que presumía el otro día Andrés Manuel desde el parque Tranviarios– y sin reservas externaron su rechazo a la continuación del aeropuerto de Texcoco.

“Estamos a favor del lago”, dijo Encinas. María Luisa Albores recordó su pasado de activista en la sierra de Puebla: “He luchado contra el sistema y el gobierno y en las luchas de las minorías, entiendo la lucha de Atenco”, dijo Albores, especialista en cafeticultura y promotora de Tosepan, una cooperativa con fines sustentables.

Cuando las declaraciones de los secretarios llegaron a sus ojos, AMLO pidió que los convocaran con urgencia.

López Obrador les hizo un reclamo serio, dentro de las formas laxas, caprichosas y confusas de la transición.

“Tienen que ser imparciales. Si va a haber una consulta, no pueden inclinar la balanza a un lado o al otro”, les dijo.

¿Pero la balanza no está inclinada ya?

El día que Encinas, Albores y González Blanco rechazaban la obra, Alfonso Romo, coordinador de la Oficina de la Presidencia, decía ante inversionistas convocados por Grupo Santander que la construcción del aeropuerto se realizará pese a la consulta.

En medio de la confusión reinante, ayer había una certeza: El tropel de reporteros que sigue al Presidente electo rompió el espejo lateral del Jetta blanco.

“Ay, ya me lo rompieron”, dijo resignado López Obrador.

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