Sergio A. Venegas Ramírez

La cita era a las 10:30 de la mañana en punto. El objetivo, obtener uno de los 16 lugares dispuestos para familiares y público en general en el ring número 8. Pero en la sala de espera habíamos más de 20 fanáticos del boxeo.

Al final logramos entrar todos.

La función estaba por comenzar.

En la esquina izquierda, la defensa.

A la derecha, la parte acusadora.

En un momento, se informó que la pelea se posponía algunos minutos porque el empresario cambiaría a su equipo de defensa.

—Es como cambiar de caballo a mitad del río, dijo uno de los seis reporteros presentes.

El hombre, en chirona desde el viernes, se veía  cansado, desanimado.

Casi todos los presentes pensábamos que no lograría su libertad.

A juzgar por su semblante, seguramente él también.

Los minutos pasaban y el hombre se tallaba el cuello constantemente.

De camisa blanca, sin corbata, con el cabello cortísimo,  el famoso empresario dialogaba con sus nuevos abogados. Los ponía al tanto.

La pelea estaba pactada a tres asaltos, teniendo como réferi a una inexpugnable jueza.

El primero, para decidir si había prescrito o no el delito, fue ganado por los hombres de la Fiscalía. Dos golpes certeros y a su esquina. Celebraban para sus adentros lo que se veía como un triunfo total.

Ya en el segundo round, para definir la vinculación a proceso, los presentes observaban cómo la parte acusadora se movía cómodamente entre la jerga legal y comentarios que aderezaban sus argumentos. Casi no hubo respuesta de la defensa a la andanada de golpes recibidos.

En la tarjeta de los conocedores, el empresario no saldría victorioso, salvo por la “vía del cloroformo” (KO).

Así llego el tercer y último asalto que definiría si lograban o no la libertad para su cliente.

En su esquina, los abogados del empresario decidieron cambiar la estrategia y tomaron la iniciativa con argumentos de peso para echar abajo la estrategia de los oponentes.

Desde su lugar, la réferi no movía un solo músculo de la cara.

Nadie sabía que decisión tomaría.

Pero vino un error de los de enfrente que fue muy bien aprovechado por los defensores y aunque no noquearon al oponente, sí dieron pie a que éste quisiera discutirle a la que tomaba en ese momento las decisiones.

Fue cuando la jueza decidió amonestar al de la Fiscalía. Un punto menos.

Y luego la inesperada decisión: Ganó la esquina izquierda.

El empresario lograba su libertad después de dos asaltos perdidos, pero un tercer round muy parecido al de El Canelo contra Kovalev: un volado de izquierda y un derechazo, sentaron al rival.

Así obtuvo  su libertad, aunque estará vinculado a proceso.

La esquina derecha no lo podía creer. Habían perdido en una pelea que parecía de mero trámite.

Pero se toparon con una referi justa y observante.

Cosas del box, pensó este armero.

Y de la justicia.

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