Los Arcos son algo más que un monumento histórico, son el carácter de un pueblo modelado en cantera: son la esencia de lo que somos. Están repetidos y dispuestos en progresión, van de más chicos a más grandes y luego se hacen más chicos a más grandes. Nos dan la sensación de lo plano y de lo profundo, del rigor geométrico y de las inciertas ondulaciones; de la luz y de la sombra; de peso y vacío; de simples líneas y de complejas curvas. Los Arcos son el tiempo repetitivo y petrificado de nuestras tradiciones y costumbres, pero también son un espacio abierto, un poco receloso y rodeado de columnas, para dar la bienvenida a los nuevos tiempos de la vida.






