La utilidad de sacrificar un animal para expiar los pecados comunes es innegable o al menos lo era para los arcaicos redactores del Viejo Testamento cuya sabiduría (Levítico 16) le trasladó las culpas a un chivito o una cabra, para dejar conformes a todos menos a los chivos apedreados, degollados o muertos de cualquier manera.
Si ya tenemos citas bíblicas en el texto liminar, pues recordemos cómo nos instruyó el Evangelio sobre separar los intereses y darle a cada quien su mérito y su parte correspondiente, idea aplicada con frialdad por la señora gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, quien le dice al mundo:
“…a César lo que es de César (el altiplano) y a Maru –o sea yo– lo que es de Maru (el arreglo político).
Obviamente hablo de César Jáuregui a quien otra idea antigua se le puede aplicar además (por si no fuera suficiente con lo ya recibido), porque quien a hierro mata también muere así. No olvidemos cómo helado e insensible se le echó encima al ex gobernador César Duarte por instrucciones del malvado Javier Corral.
Hoy los césares son además de paisanos, tocayos y vecinos porque ambos moran en las frías celdas de Almoloya de Juárez donde se ubica el penal del Altiplano, y para colmo en la misma zona penitenciaria.
A la cárcel que metas serás metido o con la vara que midas serás medido, como sea, pero nadie sabe –en ambos casos– cuántos gramos de inocencia haya en el tonelaje de las acusaciones de los dos.
Sin embargo, debemos recordar cómo no todo lo que brilla es oro y cuántas cosas endebles hay en el mundo.
Además de esta acusación por traición a la patria, bastante fofita en verdad, se debe observar la Torre de Pisa cuya controlada inclinación la inhabilita para constantes ascensos y descensos de turistas embobados con el perfil fuera de la vertical.
Frágil es el equilibrio ecológico en Las encantadas, (así llamaba Herman Melville a las Islas Galápagos), razón por la cual el gobierno ecuatoriano restringe muchas actividades y visitas en lugares de elevada protección.
Pero una de las cosas más livianas del mundo, menos formales, más guangas, si la palabra se permite en lugar de la otra similar: blandengue, es el control mexicano en materia de seguridad binacional y control de los agentes extranjeros, especialmente estadunidenses lo cual confunde y desperdiga la verdadera responsabilidad de los a la bandera, el escudo y todo lo demás, porque a este país se mete medio mundo para decenas de asuntos de interés extranjero, y muy poco de nosotros los mexicanos ufanos, galanos y soberanos, aunque ese concepto –LA SOBERANÍA– sea la gran esperanza de este gobierno para distinguirse frente a la historia porque sus demás líneas programáticas, ideológicas y dogmáticas, incluyendo el feminismo no son suficientes para conmover a las estrellas, como decía Flaubert de las intenciones de la palabra humana.
La continuidad no requiere originalidad. Por eso se insiste en la idea de la soberanía. Es una veta poco explorada y explotada en la mina de los recursos oportunos y los discursos dichosos.
Hemos dicho sobre la soberanía con las puertas abiertas.
Pues así se mira.
Una rápida consulta a las páginas digitales de la embajada de Estados Unidos nos revela: todos los días (y a veces algunas noches) con distintos esquemas de cooperación con el gobierno mexicano (flojito y cooperando) trece agencias y dependencias federales estadunidenses, campean aquí a sus anchas.
Algunas con permiso; otras con disimulo; algunas con exceso y otras con cautela. Pero todos meten la cuchara, con autorización o sin ella.
Y uno se pregunta si su perniciosa actividad se evita dándoles permiso para hacerla.
Operan la DEA, (Administración para el Control de Drogas); el FBI, (Buró Federal de Investigaciones); la ATF, (Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos); el USMS (Servicio de Alguaciles de Estados Unidos); la OIA-DoJ, (Oficina de Asuntos Internacionales del Departamento de Justicia); la OPDAT (Oficina de Desarrollo, Asistencia y Entrenamiento Judicial Internacional); el DHS (Departamento de Seguridad Interior); el CBP(Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza); el ICE (Oficina de Inmigración y Control de Aduanas); el Servicio Secreto de Estados Unidos; la TSA (Administración de Seguridad en el Transporte); la Agregaduría del Departamento del Tesoro y la OFAC (Oficina de Control de Activos Extranjero del Departamento del Tesoro) , además –obviamente— de la CIA y otras similares en el suelo, el mar y el cielo (con drones sin ilegalidad alguna según CSP dijo en febrero del año pasado), sin olvidar los satélites y las intervenciones telefónicas y de redes globales, practicados “sotto voce” por la NSA, Agencia de Seguridad Nacional.
Además, se mantiene una dependiente colaboración militar a través del Comando Norte, con presencia de militares mexicanos en Estados Unidos y de ese país en México, incluyendo las misiones de entrenamiento existentes (JFM), así como con la Marina. Eso sin contar los cursos de adiestramiento.
El funcionamiento cotidiano de todas esas instituciones extranjeras no significa cesión de soberanía (cómo creen), sólo representa su concesión.
México les concede permiso y ya con eso ellos seguramente dejan de operar en favor de los intereses de su gobierno y por amor al “burritooou” actúan en favor de nuestro país, ¡cómo no! ¿Y también les damos pavo?
Todo eso les permite desde revisar un aguacate o un camarón, hasta vigilar la frontera con drones de la CIA desde el cielo impreciso y sin límites, pero con expresa legalidad obsequiada por el gobierno de la República, según nos ha dicho con todas sus letras la señora presidenta (con A).
“No hay nada ilegal”, nos dijo.
TRAIDORES
Una de las aportaciones de la alternancia política de principios de siglo fue la abolición de la pena de muerte. Se le debe a Vicente Fox.
En tiempos remotos otros mexicanos fueron fusilados por traidores. Al menos así los catalogó el poder público de aquel tiempo.
Uno de ellos fue Agustín de Iturbide en 1824 quien fue declarado traidor, pero no se dice a qué o a quién. Nunca se menciona en el pliego acusatorio la palabra patria. Sólo se refiere al Estado.
El emperador fracasado no tuvo ni siquiera juicio. Lo mataron en caliente con apoyo en un decreto del 23 de abril de 1824.
“El Soberano Congreso General constituyente se ha servido decretar lo que sigue:
1.- Se declara traidor y fuera de la ley á D. Agustin de Iturbide, siempre que bajo cualquier título se presente en cualquier punto de nuestro territorio. En este caso queda por el mismo hecho declarado enemigo público del estado.
2. Se declaran traidores a la federacion (sic), y serán juzgados conforme á la ley de 27 de Setiembre de 1823, cuantos cooperen por escritos encomiásticos ó de cualquier otro modo á favorecer su regreso á la república mexicana.
3. La misma declaración se hace respecto de cuantos de alguna manera protegieren las miras de cualquier invasor extrangero (sic), los cuales serán juzgados con arreglo á la misma ley”.
En el otro caso fueron fusilados (1867), tras un juicio (paradójicamente en un teatro llamado Iturbide), Maximiliano de Habsburgo y los generales Miguel Miramón y Tomás Mejía.
Los cargos fueron delitos contra la nación, la paz pública y las garantías individuales, así como causar y prolongar una guerra civil.
“En el caso del Emperador (AGN) se le añadió un cargo más por usurpador, mientras que a los generales mexicanos se les acusó de traición a la patria. Ambos cargos con pena de muerte a pesar de haberse eliminado este extremo castigo en la Constitución de 1857. Pero Benito Juárez ya había tomado la decisión:
“…Aquél mismo que tiene en los cielos su morada, es el visitador y protector de nuestra patria, que hiere y mata a los que vienen de intento a hacernos mal”.
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