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Terapia artificial: los riesgos de confiar la salud mental a un chatbot

La ilusión de comprensión tecnológica no reemplaza los años de experiencia clínica

por Kevyn Mascott
27 octubre, 2026
en Destacados, Local
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Después de dos años de atención psicológica profesional, Fernanda dejó de acudir a sus sesiones debido a problemas económicos. Pese a los avances en la atención de su salud mental, algunos problemas persistían en sus relaciones interpersonales, con la familia y otros vínculos, además de la presión y desorientación que sentía respecto al futuro.

En su búsqueda de una opinión externa y neutral, distinto al de las personas que integraban sus círculos cercanos, encontró en una nueva herramienta tecnológica, que incorporaba el término de inteligencia artificial, respuestas inmediatas a sus preguntas e inquietudes.

Fue en noviembre de 2022 cuando OpenAI lanzó la primera versión pública de ChatGPT, un sistema tecnológico que exhibió el potencial de la IA generativa y lo que se podría lograr con su utilización.

Su principal distintivo fue la emulación del lenguaje humano, pues los usuarios recibían respuestas como si de una persona al otro lado de la pantalla se tratara; pero no había nadie.

Aunado a esto, el uso de esta evolución tecnológica era libre, por lo que cualquier persona en el mundo con acceso a internet podía utilizarla sin ningún costo. De esta forma, Fernanda pudo sobrellevar los problemas que enfrentaba en su cotidianidad, al menos durante seis meses.

“Las interacciones no duraban mucho, eran más como en momentos de contención emocional y ya (…). Sí la usaba para momentos de crisis en cuanto a lo emocional se refiere, porque había momentos en los que no estaba en crisis, pero tampoco le preguntaba cosas psicológicas”, recordó.

Pese a recurrir a esta herramienta, tenía presente que las respuestas tendían a ser positivas hacia ella.

Esta configuración, de acuerdo con un artículo publicado en Harvard Business Review (HBR), podría perpetuar o amplificar sesgos en la percepción de la realidad y dar pie a “resultados inexactos o decisiones injustas”.

Con el paso del tiempo, configuró la herramienta con una indicación específica para obtener respuestas más cercanas a una opinión objetiva. No obstante, las respuestas del modelo, basadas en patrones aprendidos a partir de datos, no equivaldrían a la experiencia subjetiva, intuitiva y emocional del ser humano.

“Yo sí recuerdo en ese momento estar consciente de que el sesgo era siempre positivo hacia mí (…), eso es lo que yo percibía y recibía y hasta cierto punto que sí me entendía más a mí, más allá de las otras partes”.

“Del mismo modo yo le ponía un prompt específico para evitar darme la razón (…), según yo me estaba escudando o protegiendo de tener un sesgo siempre positivo”, externó.

Sustitución profesional por IA supone un riesgo para la salud

El uso de la IA plantea por sí solo un riesgo para la salud de los pacientes cuando sustituye la atención médica profesional en el campo de la psicología o la psiquiatría, mencionó en entrevista con Plaza de Armas el especialista en psiquiatría Aldo Castro Gómez, jefe de enseñanza del Centro Estatal de Salud Mental (CESAM).

“A nivel médico, a nivel profesional sí debemos estar conscientes de los riesgos, en el sentido de que sustituir la atención clínica por sistemas de inteligencia artificial plantea graves riesgos para la seguridad del paciente, la precisión médica y la integridad ética de la salud”, explicó.

El riesgo aumenta al considerar las alucinaciones que puede presentar la propia IA, un fenómeno que consiste en la invención de hechos que los modelos tecnológicos presentan como si fueran reales.

Esta situación ya ha sido advertida por distintos organismos nacionales e internacionales, principalmente porque estas herramientas tecnológicas carecen de criterio propio y de responsabilidad legal.

“Estas herramientas están basadas en modelos de lenguaje que operan calculando patrones estadísticos de palabras, no bases de datos objetivas de la verdad y esto le permite generar datos médicos falsos con apariencia altamente científica que burlan los filtros convencionales. No hay juicio ético y moral por parte de la IA”.

“A diferencia de un profesional, la IA utiliza algoritmos y prioriza la eficiencia y coherencia del texto. Muchas veces los diagnósticos que emite la IA son sesgados e incompletos, estas plataformas replican estos sesgos que fueron entrenados, discriminando potencialmente a ciertos grupos de población”, recalcó.

Ansiedad y crisis: los límites de la IA como apoyo emocional

Mientras los especialistas hablan sobre los riesgos de utilizar la inteligencia artificial como sustituto de la atención profesional, hay quienes recurren a estas herramientas de manera ocasional para afrontar momentos de ansiedad. Tal es el caso de María, quien durante el último año utilizó Gemini en ocasiones que cuenta con los dedos de ambas manos.

A diferencia de Fernanda, utilizaba la herramienta durante periodos breves, de hasta 20 minutos, con la intención de encontrar el origen de su ansiedad y saber cómo tratarla.

“Me gustaba porque es muy objetivo, no me gusta cuando va disfrazado de ‘dulce empatía’, aunque en ocasiones sentía que era tan objetiva que cortaba de tajo la conversación y cuando volvía a cuestionar algo, salía la misma respuesta”, compartió.

Las respuestas le permitían observar sus inquietudes desde otra perspectiva, aunque la experiencia también le generaba sentimientos encontrados. Pese a que experimentaba cierta sensación de alivio, le extrañaba hablar con una inteligencia artificial sobre sus emociones.

“Antes me sentía con muchas dudas y cuando terminaba de hablar con Gemini, me sentía hasta cierto punto “liberada” pero al mismo tiempo era extraño el hablar con una inteligencia artificial sobre la emocionalidad”, relató.

María ya acudía con un psicólogo cuando comenzó a utilizar la IA y aseguró que las consultas con esta no influyeron en su decisión de continuar con la atención profesional. Por el contrario, destacó que en terapia encontraba mayor apertura para abordar distintos asuntos y un conocimiento más amplio de sus procesos personales.

Tras estas escasas ocasiones, dejó de utilizar la inteligencia artificial con este propósito, pues consideró que esta herramienta no puede comprender las emociones como lo hacen las personas.

Atención humana es crucial, principalmente en la psiquiatría

La percepción de María contrasta con la capacidad de estos sistemas para ofrecer respuestas que aparentan comprensión emocional. Esta interacción puede relacionarse con el efecto Eliza, un fenómeno que describe la tendencia humana a atribuir cualidades o capacidades humanas a sistemas tecnológicos que responden mediante el lenguaje, explicó Castro Gómez.

Es en este punto donde cobra relevancia la intervención de profesionales en el campo de la salud mental, pues el apoyo profesional se sustenta en años de preparación y experiencia, así como en un acompañamiento que requiere tiempo y que no puede resolverse en una fracción de segundo.

Esta distinción con la IA es aún más relevante en el campo de la psiquiatría, donde se brinda acompañamiento a los pacientes no sólo mediante atención psicológica, sino también médica, y a partir del cual se pueden abordar trastornos mediante un historial clínico.

“Primero hay que estudiar medicina, hay que hacer una especialidad que dura de 4 a 5 años, hay que generar experiencia para poder prescribir un medicamento. Antes de prescribir el medicamento se tienen que hacer estudios, se tienen que hacer evaluaciones para que estemos seguros de que el uso del medicamento conlleve mayores beneficios que riesgos”, explicó el doctor.

En este sentido, precisó que es posible que un sistema recomiende algún medicamento, pero hacerlo representa un riesgo considerable para la población.

“La IA en ocasiones nos puede sugerir tratamientos farmacológicos y al no haber una regulación al no haber una vigilancia acerca de esto, estamos exponiendo a la población a riesgos innecesarios”, expuso.

Los retos de la IA y la salud mental hacia el futuro

Aunque el uso de la IA como “médico de cabecera” representa un riesgo, la implementación de esta herramienta como complemento por parte de especialistas en atención emocional ofrece ventajas para mejorar la atención de los pacientes, sin que sustituya su formación profesional.

“Como profesionales de la salud mental utilizamos la IA todos los días para apoyar diagnósticos para tomar mejores decisiones, pero el factor humano sigue siendo decisivo a la hora de darle atención a los pacientes. Esa es la forma en cómo los profesionales la usamos. Experiencia más IA es la mejor combinación”, comentó el doctor Aldo.

Además de su aplicación en la atención emocional, el especialista mencionó que esta tecnología también resulta útil para procesar y analizar grandes cantidades de datos que superan la capacidad humana.

Sin embargo, en un contexto en el que el 71% de los encuestados en México ha utilizado la inteligencia artificial para atender su salud mental, de acuerdo con un reporte de 2026 de Axa Seguros, resaltó la necesidad de replantear el acceso a la atención psicológica.

Aunque las limitantes económicas son uno de los principales impedimentos, también existen otras barreras, como las dificultades para relacionarse con los demás o la distancia. Al respecto, el doctor reiteró que hay “un gran camino por recorrer”, pero señaló que la colaboración con funcionarios públicos podría contribuir a regular los alcances legales y profesionales de la inteligencia artificial.

No obstante, mientras se avanza en esta materia, llamó a las personas a utilizar la IA de forma responsable, sin sustituir la atención humana ni el seguimiento profesional.

“Sobre todo en temas de salud por esta falta de regulación y los sesgos que se pueden generar en determinado momento. Creo que hasta ahora no podemos sustituir la IA por la atención que nos puede dar algún médico o algún psicólogo”, culminó.

Etiquetas: chatbotsinteligencia artificialPsicologíapsiquiatríasalud mental

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