Creer en la colectividad fue lo que llevó a Olimpia Coral Melo a que su iniciativa de ley se convirtiera en la, ahora vigente, Ley Olimpia. Y esa colectividad que tejió e impulsó la activista poblana, fue la que, a kilómetros de distancia, atrajo el ojo de la cineasta Indira Cato, en Ciudad de México.
¿Cómo lograr una organización de esa magnitud?; ¿cómo gestionó Olimpia el movimiento de ella y las Defensoras Digitales hacia la ley?; ¿cómo aprender de leyes?; fueron las preguntas que bombardearon la mente de la directora de ‘Llamarse Olimpia’ (2025), antes de pensar siquiera en nombrar así al documental que la llevaría a presentarlo en la república mexicana, España, Latinoamérica y, recientemente, en Querétaro, en el marco del DOQUMENTA: Festival Internacional de Cine y Narrativas de No Ficción.
Una hora antes de que comenzara la primera proyección de ‘Llamarse Olimpia’, en la Carpa DOQUMENTA, el pasado jueves seis de agosto, tuve el gusto de sentarme a charlar con su directora.
Indira Cato, fresca y contenta de regresar a Querétaro por segunda vez a presentar su proyecto, me platicó de cómo emergió y se avivó la chispa por realizar el documental. Desde las dudas que le surgieron mientras seguía desde las redes a Olimpia y su resistencia, hasta los pensamientos que la atraviesan a ella como una activista de diferentes causas, el proyecto y la fe en la colectividad son lo que sella este largometraje de 73 minutos.
“Quiero saber cómo logra esto un grupo de la sociedad civil. Una víctima que logra encontrar a otras más, que se juntan, que se organizan y que logran esto que, bueno, para cualquier persona es inimaginable: hacer una ley, cambiar las leyes en un país como este, es absolutamente impensable”, expresa sobre cómo surgió la necesidad de crear el documental.
Cato, desde su espíritu dedicado a defender a capa y espada el reciclaje, se preguntaba cómo se organiza la colectividad. Su curiosidad la llevó, en primera instancia, a contactar a Coral Melo en redes; y después, a la puerta de su casa.
También a apagar la cámara ante momentos de vulnerabilidad, a perseguirla cuando el activismo era más veloz que cualquier dolly, a ella formar su propia colectividad en su equipo fílmico.
Cato supo lo valioso que era narrar su historia: no por inspirar a que otras mujeres sean “mártires”, sino para que la resistencia y la colectividad no mueran.
“Me había tardado mucho en autodenominarme feminista (…) fue poquito antes que yo empecé a nombrarme feminista”, narra sobre los inicios de su proyecto y de cómo se transformó su autopercepción como activista.
“El hacer esta película fue como afianzar eso también y reiterarlo todo el tiempo con las historias espantosas que escuchamos todos los días, que escuchamos y vivimos de por sí; sobre todo haciendo la película, acercándonos a un grupo que se enfrenta más directamente a estas historias todo el tiempo.
Reafirmar lo importante de las luchas, de unirnos, de apapacharnos, y de la resistencia entre mujeres, la resistencia es del amor también”.
De cerca a Olimpia Coral Melo, la cineasta adquirió las herramientas para resistir desde su propio espacio y comprender que la violencia puede existir y desplazarse a cualquier espacio.
Tal y como un virus que llega, lamentablemente, para quedarse. Es el caso de la violencia y la Inteligencia Artificial, que abre nuevamente el debate sobre los alcances de la Ley Olimpia.
Según la legislación mexicana, esta ley busca “reconocer la violencia digital y sancionar los delitos que violen la intimidad sexual de las personas a través de medios digitales”, y contempla aquellas conductas que atentan contra la intimidad sexual, tales como “videograbar, audiograbar, fotografiar o elaborar videos reales o simulados de contenido sexual íntimo de una persona sin su consentimiento o mediante engaño”.
Visión digital del futuro
Para Cato, la Ley Olimpia ya se había anticipado a la IA.
“Afortunadamente, la Ley Olimpia sí contempló que esto iba a suceder. Fue bastante visionaria en ese sentido y está redactada de tal manera que se puede abarcar la Inteligencia Artificial porque dice que castiga la difusión y producción de imágenes reales o alteradas. Eso permite que la inteligencia artificial entre dentro de la ley, de lo penado en la ley. Eso me pareció brutal”, compartió Indira Cato.
De acuerdo con la Ley Olimpia, se contemplan sanciones de tres a seis años de prisión para quienes realicen los delitos, así como multas que van de 500 a mil Unidades de Medida y Actualización.
En Querétaro, la ley es vigente desde 2019. Se han documentado algunas iniciativas desde la legislatura local por añadir el tema de la IA a la ley; sin embargo, Cato considera más importante erradicar la violencia desde la raíz.
“Es importante empezar por decir que la violencia a las mujeres estaba antes de las redes sociales. En nuestro cotidiano, en la realidad. Cuando llegan las redes sociales, sólo hay un nuevo espacio no legislado que nos violenta de otras maneras, pero que nos sigue reproduciendo al final algo que es sistemático y que viene de cualquier ángulo.
Entonces así como llegan las redes, llega la Inteligencia Artificial, y luego van a llegar más cosas. El problema no son tanto las herramientas, sino cómo las usamos”, expresa.
Es así como ‘Llamarse Olimpia’ retoma su importancia en el auge de la IA y en la perspectiva de género en los medios. Cato, desde el séptimo arte, admitió que tuvo sus desafíos para contar esta historia.
Una historia que, desde el principio, sabía que no sería tarea fácil, puesto que “hacer documentales es un acto invasivo en sí mismo” y más aun si se trata de una víctima de violencia, en su esfuerzo porque su experiencia no quedara en la revictimización ni, mucho menos, en el olvido.
Junto a su prima, Jazmín Cato Sosa, coescribió la historia. Su pariente aportó el dramaturgismo al documental, elemento que permitió contar la historia de Olimpia desde un respeto, una perspectiva de género y la no revictimización.
Este dramaturgismo se integró en todas las facetas del equipo. Laura Miranda, encargada de la fotografía, también utilizaba su cámara bajo este parámetro. La producción, a cargo de Chumbera Producciones, no fue excepción.
“Cuestionar la imagen, cuestionar los discursos. Era mucho de dialogar y buscar cómo no revictimizar involuntariamente, o cómo retratar los cuerpos de formas respetuosas”, describe Indira Cato del dramaturgismo aplicado a su debut como directora.
Impacto en las audiencias
La segunda proyección de ‘Llamarse Olimpia’ en Querétaro, como parte de la selección de DOQUMENTA 2026, también tuvo lugar el pasado sábado ocho de agosto en el Museo de la Ciudad. Indira Cato, a lo largo de cada gira de su documental, ha recibido reacciones positivas y conmovedoras de sus diferentes audiencias.
Querétaro, dice, siempre se ha mostrado conmovido por el largometraje. Desde aquella primera vez que fue proyectado en Jardín Guerrero, como parte de la gira de ‘Ambulante’.
Si más audiencias vieran el documental, diez años después, la directora esperaría que “se leyera desde otro lugar y que no se quedara en el caso particular de Olimpia. El sentir ‘sí se pueden cambiar las cosas, sí es posible organizarse, sí vale la pena’ (…) el decir que las acciones chiquitas que estás haciendo sí están teniendo un impacto a gran escala”.
Para Indira Cato, la historia de Olimpia va más allá del tema de su proyecto. Es una historia de cómo las acciones a pequeña escala significan algo a gran escala. De cómo la colectividad y la resistencia son lo que nos une y empuja a lograr cosas. Lograr tocar corazones como ella lo hizo, a través de ‘Llamarse Olimpia’.
“Tampoco lo quiero romantizar y decir que todos tenemos que luchar y que vamos a cambiar el mundo en un segundo (…) a nadie le queremos exigir que se vuelva un mártir o que se vuelva la luchadora del siglo.
Afortunadamente, Olimpia pudo y nos hace un paro a todas. s darse cuenta de que sí hay cosas que hacer, que no todo está perdido y que no tenemos por qué tirarnos a deprimirnos en nuestra cama; hay que hacer la pequeñísima acción que puedas y que sí da esperanza que algo pueda moverse”, manifiesta Cato sobre su mensaje en el documental.








