Sergio Iván Arrellano Ramos

TIEMPO NUEVO

¿Cómo debe ser el candidato presidencial del 2018?

lo largo de la historia de México, hemos ido acompañando a una serie de políticos que han dejado mucho de que hablar. Nuestro país fue marcado por las invariables decisiones de aquellos generales, economistas y licenciados en derecho que se han sentado en la silla presidencial. Hemos pasado malos ratos y celebrado otros cuantos; se ha visto la unidad nacional en temas adversos por el simple hecho de defender un ideal. Avanzamos de un sistema de decisión unánime por parte de los pinos, a uno que tiene pesos y contrapesos; incluso llegar al poder por medio de la vía independiente, ya no es un tabú.

Sin embargo, lo que nos ocupa es dicha transición que se llevará a cabo el año que viene. El candidato ya no puede ser rígido, institucional y seductor. Adiós a la demagogia. Se necesita compaginar con el otro, ser sencillo y aceptar que la realidad es otra, la ciudadanía ya no permite estar bajo un autoritarismo absoluto de un gobierno central. Ser un candidato “millennial” es un requisito intrínseco del nuevo servidor público.

Justin Trudeau en Canadá es un ejemplo claro de una nueva forma de gobernar, la política vieja que postula a los “grillos” de siempre no generará frutos para el país de la forma deseada; los jóvenes son el motor político actual de las sociedades, si no se capta su atención, el estado está perdido operativamente ya que se desperdicia el enorme talento de las nuevas generaciones en cuestión de innovación y propuesta. Encausar y encaminar a los jóvenes únicamente se logrará concretando una representación popular efectiva por medio de un candidato que se identifique tanto con ellos, como con la gente mayor al resultar una propuesta atractiva para el cambio de óptica del ejercicio público.

Es hora de que la política deje ser ser una situación cómica y empiece a involucrar al pueblo en sus decisiones. Todos los sectores deben abonar y sentirse seguros de los representantes sociales. Si México no confía en si mismo, no podremos compararnos con países de primer mundo en un futuro cercano. En el 2018 podemos empezar a cambiar el panorama político, participemos y volvamos a hacer de las elecciones, una fiesta democrática.

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