Sergio Centeno García

PALABRA UNIVERSITARIA

El reto del nuevo gobierno federal (1ra de 2)

El pasado 1° de julio de 2018 el pueblo de México decidió a través de su voto una vez más un cambio de gobierno. La última vez que lo había intentado fue en el año 2000, cuando dio su confianza al Partido Acción Nacional (PAN) y a un empresario, Vicente Fox Quesada, quien prometía “sacar al PRI de Los Pinos y acabar con todas las víboras, ratas, tepocatas y alacranes” que lucraban con la política y la corrupción desde el gobierno federal. No fue así, muy pronto, apenas tuvieron el poder en sus manos, Vicente Fox, su familia, el PAN, amigos y colaboradores más cercanos, superaron con mucho la corrupción que habían prometido erradicar. Empezaron el saqueo de PEMEX y el robo de los recursos del erario público de un modo en que no se había visto antes. La corrupción en vez de terminar se incrementó de modo significativo.

Y es que no era para menos, los que ahora ostentaban al poder no eran caciques o líderes sindicales cuyos orígenes de pobreza no les permitían poseer grandes miras para robar a lo grande, sino que eran empresarios, hombres acostumbrados a realizar negocios multimillonarios y conocedores de las mañas más sofisticadas para que lo robado se contabilizara en grandes cifras. Para mala suerte de nuestro país, a los políticos panistas del gobierno federal les tocó el tiempo en que un barril de crudo llegó a venderse casi en 150 dólares, mientras que producirlo no les costaba ni 7 dólares. ¿Qué hicieron los políticos panistas con los millones de dólares que se ganaba a diario vendiendo el crudo mexicano?, nada que significara gran avance en infraestructura carretera, mejora en servicios de educación, salud o seguridad pública y social, sin embargo, muchos de ellos se convirtieron de la noche a la mañana en millonarios.

El año 2006 marcó la definición del sello de la casa panista: un presidente Vicente Fox interviniendo abierta y descaradamente en la elección presidencial no sólo para patrocinar y liderar la guerra sucia en contra de uno de los candidatos con mayores posibilidades, sino dirigiendo a sus propios para llevar a cabo uno de los fraudes electorales más vergonzosos de la historia de nuestro México actual. Finalmente, fue impuesto como presidente de la república  Felipe Calderón Hinojosa, un hombre altanero, ignorante, soberbio y cínico, cuya frase “haiga sido como haiga sido”, quedó grabada para siempre en la memoria histórica como uno de los actos más ruines de los que pueden ser capaces quienes se dedican a la política. Carente de toda legitimidad, con un gran rechazo de la mayoría de la población mexicana, pero además con una gran necesidad de ganarse la aprobación de los gobernados, Calderón Hinojosa inició una “guerra contra el narcotráfico”, que protegió a unos cárteles y atacó a otros por consigna, propiciando una batalla sin cuartel entre las bandas de narcotraficantes que convirtió al país en una zona de guerra, donde no sólo morían los directamente involucrados con las mafias, sino miles de inocentes que nada tenían que ver. Al final del sexenio calderonista, el país quedó herido de muerte, la corrupción en su máximo nivel, el saqueo y latrocinio de los recursos públicos casi generalizado y un pueblo que no tuvo otro remedio que reconocer que se había equivocado, que le había entregado el gobierno y las riendas del país a un grupo de personas que sólo en apariencia eran demócratas y honestos, pero que en realidad eran mucho más corruptos que sus compañeros y amigos del PRI. De manera por demás justa, el pueblo de México llamó “Traidores a la democracia” a los políticos del PAN, pues simplemente resultaron peores.

Muy probablemente fue ese terrible desencanto de la mal llamada “alternancia” política lo que caló hondo en el ánimo de los votantes mexicanos, pues una vez más y gracias al despilfarro de recursos públicos y de nueva cuenta a la intervención de los empresarios más acaudalados de México, que inyectaron millones de pesos para realizar compras masivas del voto de los pobres a cambio de despensas, tinacos o láminas,  en el año 2012 el PRI tuvo una nueva oportunidad para recuperar la confianza del pueblo mexicano. Sin embargo, esta oportunidad los políticos priistas también la dilapidaron, pues de nueva cuenta la corrupción, el saqueo, el enriquecimiento ilícito de gobernadores priistas y panistas ante la mirada complaciente del gobierno federal, propiciaron que los votantes se hartaran de tanta ineficacia administrativa y excelencia gansteril, y optarán en la urnas por un hombre que desde el año 2006 venía luchando tenazmente por conseguir la confianza del pueblo, y éste, noble como siempre, quiso darle una oportunidad.

Grande es el reto y demasiados los obstáculos que enfrenta hoy Andrés Manuel López Obrador (AMLO) como presidente de la república, pues su lucha contra la corrupción que ahora sí parece ir en serio, lesiona los intereses más oscuros precisamente porque se trata de evitar que miles de delincuentes de cuello blanco y algunos otros ya ordinarios, sigan robándose el dinero del pueblo y enriqueciéndose  a costa del esfuerzo de todos (continuará).

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