SALVADOR GONZÁLEZ / MESSI. BALÓN DE ORO.

JUEGO PROFUNDO

Messi es una buena persona, pero no tiene personalidad para ser líder”. Con esas palabras Diego Armando Maradona se expresaba así del jugador blaugrana cuando Pelé, su adversario más icónico, le pregunto si conocía de manera cercana y personal a Lionel. La conversación ocurrió hace ya un tiempo durante un evento por la paz promovido por una marca de relojes en París en el que “el Pelusa” coincidió con Pelé, a quien, sin darse cuenta de que los micrófonos estaban encendidos, dijo que el crack del Barcelona no tiene lo que se necesita para ser un líder.

Pero ¿el líder nace o se hace? La verdad es que existen personas que tienen la cualidad innata de inspirar a otras, que saben comunicarse, empatizan por naturaleza y son líderes natos. Otras, en cambio, las situaciones los conducen y se ven en la necesidad de aprender a hacerlo. Por tanto, un líder nace, pero también se hace. Aunque también debe mencionarse: para que haya buenos líderes, también debe haber buenos seguidores. Y eso con frecuencia se nos olvida, y por eso es por lo que el éxito o fracaso se lo atribuimos únicamente a una persona.

El concepto del liderazgo ha evolucionado en los últimos años, se han identificado y definido diversos tipos de liderazgos y cada persona, de manera muy personal acepta esas definiciones en base a lo que como individuo busca en un líder. Hay personas que identifican el liderazgo basado en fuerza, gritos y empuje, esto debido a que, en momentos de apremio, esas personas han necesitado de una voz firme que los empuje a sacar lo mejor de si mismos y todo lo que vaya por fuera de esos parámetros, no lo consideran liderazgo.

Las palabras de Maradona sin duda abonan para el interminable debate de los estilos de liderazgo, y Maradona tendría razón si el suyo fuera el único estilo de liderazgo aceptable, afectivo y efectivo. ¿Qué quiere decir esto?, que, si los líderes fueran exclusivamente los energéticos, los extrovertidos, los excéntricos, los rebeldes, los de un coraje exacerbado; si fuera así, Messi no entraría en la categoría de líder. Si para ser líder fuera condición ser extremo en todas las acciones, gritón, histriónico, encaprichado y peleador, Messi no daría la talla. Y afortunadamente, es así. Messi no da la talla.

El liderazgo de Messi es totalmente inspiracional. Y dicho liderazgo se sustenta en la humildad y en poner por delante en beneficio grupal sobre el reconocimiento personal. Esto ultimo puede parecer un cliché y teóricamente es lo que todos los lideres deben buscar, pero siendo sinceros no siempre sucede así, ya que otros líderes futbolísticos han quedado retratados cuando la gloria no es suya y solo suya.

El liderazgo de Messi viene también del deseo constante de superación, ya que, a pesar de su brutal palmares, aun pareciera que seguimos viendo al niño que corre tras el balón por puro amor al futbol y no por acumulamiento de trofeos. Tal como lo describe Hernán Casciari en uno de sus cuentos:

“Descubrí hace poco que Messi es un perro o mejor, un hombre perro. Messi es el primer perro que juega al fútbol. No entiende las reglas del fútbol, por eso no se tira cuando lo traban, por eso no se queja. Los perros no fingen zancadillas cuando ven venir un Citroën, no se quejan con el árbitro cuando se les escapa un gato por la medianera… En los inicios del fútbol los humanos también eran así. Iban detrás de la pelota y nada más: no existían las tarjetas de colores, ni la posición adelantada, ni la suspensión después de cinco amarillas, ni los goles de visitante valían doble. Antes se jugaba como juegan Messi y mi perro Totín. Después el fútbol se volvió muy raro”   (Del libro: “Messi es un perro y otros cuentos”, 2015 editorial Orsai, Argentina).

Sin embargo, en su país natal reclaman otro tipo de liderazgo. Ese de empuje y fuerza, ese del cual los argentinos han priorizado, ese liderazgo de ganar por “huevos” y a patadas, dejando casi siempre a un lado lo más importante y lo que los llevo a la gloria: el buen trato de la pelota. Bajo esas condiciones, repito, Messi jamás dará la talla; y para los que nos gusta el buen futbol, afortunadamente es así.

Antes mencionaba que, para que haya buenos líderes, debe haber también buenos seguidores. Y Messi los ha encontrado en Barcelona, donde todo gira en torno a él y en su forma de entender el juego de pelota, y los resultados están ahí. En cambio, en Argentina, esperan ese derroche de ímpetu y fuerza que Lionel no tiene, y los resultados están ahí.

Ahora, apenas hace unos días, el argentino ha ganado su sexto balón de oro que lo reconoce nuevamente como el mejor jugador del mundo (como si en algún momento, desde que piso el césped de manera profesional, hubiera dejado de serlo), y aunque sabemos que este tipo de premios se han convertido en un concurso de popularidad, no podemos negar, que mientras Messi continúe pateando un balón en el futbol competitivo, este premio deberá caer siempre sobre sus manos.

Nos guste o no, Messi lidera así. En silencio, sin escándalos, sin excesos, sin poses, brillando y disfrutando en el campo con su agilidad felina y pies de bailarina. El no ha manchado la pelota.

Se necesitan diferentes estilos de liderazgo y el de Messi es uno de ellos.

Escribeme por twitter y platiquemos.

@escritorsga

Aprovecho este espacio para invitarte a la Feria del libro más importante del habla hispana: La FIL Guadalajara 2019, donde este sábado 7 de diciembre estaré platicando de mi libro de cuentos de balompié: “En mi mente sigo jugando futbol”.

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