Sabino Medina

DESDE LOS BALCONES

Maquiavelo mexicano: Carlos Salinas de Gortari

Parece que se estremecieron, algunas cúpulas políticas, ante lo expresado por el ex presidente Carlos Salinas de Gortari, en una conferencia en la capital de la República, este pasado 5 noviembre.

“Realismo e idealismo de Maquiavelo”, así se tituló la famosa conferencia y, en la valoración y actualidad de la obra del famoso florentino, parece que las circunstancias y el contexto del capitalismo mundial en México, no contara o sólo cuenta lo que se quiere decir. “Y cuenta mucho”, acotarían los publicistas de la República de Los Pinos.

¿Qué dijo el ex presidente Salinas y en qué contexto  expresó “que las repúblicas perecen”, entre otras expresiones?

Habló que si los gobernantes no cambian de proceder, puede venir un golpe sorpresivo. Otra vez, términos más, términos menos.

Creo que Salinas de Gortari tiene sus razones y, más que nada, sus intereses; y sabe lo que quiere decir. Lo de menos es si se interpreta bien o mal a Maquiavelo, ya que éste vivió hace 500 años, en un mundo social, económico y político ya desaparecido.

Maquiavelo escribió para los “Príncipes”, para los gobernantes feudales que se movieron en las circunstancias y bajo la influencia de las grandes monarquías feudales; en Italia prevalecía un condotierismo de un color y otro, bandas armadas que rendían cuentas a uno y otro centro de poder. Algo de eso trascendió a las formas de organización y de gobernar de esos intereses en la Mafia, particularmente en Sicilia, aunque sin códigos morales y sin ética alguna de por medio.

¿Qué quiso decir el Ex Presidente Salinas y a quién quiso dirigirse? Tal vez en eso estriba la duda y la suspicacia de quienes advirtieron un destinatario y las medidas que hoy se adoptan en México.

Creo que cometió un error el ex presidente Salinas, un grave error. Si lo que quiere es negociar sus intereses y los de su grupo, es un error abrir la cartas de esa manera; DIRIAN ALGUNOS, CANTARLAS.

Pero lo dicho, dicho está y no hay quien borre las palabras.

Si lo que intenta es negociar, como un poderoso intocable, no debería desafiar con su fuerza. Maquiavelo FUE más zafio en esto de analizar la fuerza del Príncipe, pero dicho análisis no es extensivo a las camarillas y a las corporaciones; recuérdese el episodio de Zedillo y su hermano Raul, luego aquello del asesinato de Enrique Salinas y su aparición extraña en el Estado de México.

¿Se consultan y se cabildean estas advertencias, con quien y contra quién? Mal, muy mal augurio que ni el florentino aprobaría.

Fouché es el otro gran demonio político que vendría al caso citar y al que nunca se le ocurrió desafiar a Napoleón, como sí lo hizo con Robespierre hasta el final.

¿Quién comparte los juicios sobre eso de que las repúblicas desaparecen y los motivos y causas de gobierno que las provocan según disertara don Carlos Salinas de Gortari?

Por declaraciones menos temerarias el general Plutarco Elías Calles abandonó el país y no hubo cultura política  alguna que lo librara de estar comprometido con querer atravesársele al Mandato Constitucional del general Lázaro Cárdenas del Río, entonces Presidente de México, como ahora AMLO.

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