Sabino Medina

DESDE LOS BALCONES

¿Cual es la divergencia económica y política actual?

Parecen no darse cuenta los intereses involucrados, duramente encontrados, entre una y otra orientación de la economía política mexicana, impuesta a raíz de la privatización de las empresas públicas, como corolario consecuente de las crisis cíclicas del capitalismo mundial y más concretamente, en el polo imperialista principal centrado en la portentosa economía norteamericana.

¿La caída de las bolsas en México, que precedió a las elecciones de 1988, no fue un “ridículo internacional”? Nada de eso, fue y es un evento económico que explica a su vez, otros fenómenos económicos adversos que se dieron posteriormente y que se expresaron antes y después con la nacionalización de los bancos, vueltos a privatizarse, para luego pasar a control externo.

En el mundo y no solamente en México, y en el resto de los países latinoamericanos por constreñirnos a la geopolítica nuestra, están en debate las más conservadoras tesis de la economía clásica, cuyo pontífice mayor, uno de ellos, Böhm Bawerk, contradictor fallido de Marx, austriaco por cierto, la misma influencia que le resulta a la mayoría de sus contemporáneos, algunos de ellos más destacados en el revisionismo, como Bauer, Hillferding y el mayor de todos, Bernstein, algunos de ellos trasladaron sus acervos académicos a Harvard y a otros centros universitarios de EUA. Ninguno de ellos puede tomarse a la ligera y menos descalificarlos, como nosotros hacemos con nuestros políticos, al no poderlos refutar de manera científica.

Una inversión tan descomunal como la del aeropuerto de Texcoco que se intenta imponer sin mayores argumentos ni demostraciones, se relaciona y tiene no lejanos parecidos al Fobaproa y el IPAB, del que todavía no hemos podido salir; al igual que OCEANOGRAFIA, cuyo “dueño”, contrato en mano de obra con Pemex, ficticio por cierto, campantemente solicitara a cuenta de financiamiento 500 millones de dólares y se le entregaban sin más en la ventanilla de aquel banco vendido sin siquiera pagar impuesto que entonces entrañaron 12 mil millones de pesos dispensados por Hacienda.

La sustancia del desacuerdo político nacional y si se quiere internacional, radica en la forma como un grupo de particulares, revestidos de empresarios, ponen por toda actividad el endeudarse y disponer de recursos sociales del haber público (afores entre otros) cientos de miles de millones, para embarcar a la Nación entera en una aventura constructiva cuestionable desde el punto de vista técnico, cuanto más riesgosa en lo económico y lo financiero.

Inglaterra vió quebrantada sus finanzas en el siglo XIX, a raíz del dispendio ferrocarrilero desplegado en la India, sin logros económicos como se lo esperaban.

El Canal de Panamá es otro caso y la especulación que le acompañara después de la mano de Francia, hasta caer en manos de EUA, al precio de 600 millones de dólares. Al final de cuentas, ¿quién explotaría ese aeropuerto de Texcoco, si las matrices bancarias internacionales van de la mano en los operativos turísticos de los años venideros y a sus inversiones hoteleras les lloverían los dividendos si es que esos cálculos resultaran ciertos y bonancibles?

Todos los que se equivocaron en la elección presidencial reciente de uno y otro partido y, fuera de los mismos, están que se truenen los dedos porque su caballo político pueda levantarse y emparejar la carrera en el suelo lodoso por donde corrieron Fox, Calderón, Peña Nieto y quienes les precedieron en su negatividad histórico política desde Benito Juárez, Madero, Lázaro Cárdenas del Río y más recientemente Andrés Manuel López Obrador, empeñado en regenerar el país y consultar al pueblo. Si es que se puede. “Digo, es un decir”, escribía Cesar Vallejo a la España de la Republica. “Si España Cae…”     Finalmente: ¿alguien se ha preguntado a cuánto ascendería el impacto inflacionario y el que sobrevenga al mismo, por la demanda incrementada y su mantenimiento anual, a costos que podrían alcanzar la suma de 500 mil millones de pesos, sin que el país obtenga a cambio otra cosa, que más descapitalización y mayor rezago social? Eso no suena a “ridículo” sino a otra tragedia económica, aunada a las ya vigentes.

¿Y la devaluación competitiva de nuestra producción industrial; nuestra deuda de 10 billones de pesos y sus intereses, sumados a estos créditos y lo que le siga? Son los modernos caballos de Troya disfrazados de Odebreck, Higa, OHL, IBERDROLA, está última de donde es accionista Felipe Calderón y otros.

Comentarios

Comentarios