Sabino Medina

DESDE LOS BALCONES

Los contratistas del estado no son el estado mismo, ni lo suplantan

Parece que los contratistas del Aeropuerto de la Ciudad de México, han malentendido sus propios intereses, a grado tal, que fueron ellos quienes de manera real o aparente pretendieron imponer el candidato presidencial y, al no lograrlo, volvieron sobre sus pasos, sabedores que algunos de ellos o todos, llevaban en sus manos los contratos de obra del aeropuerto internacional y todo lo que esto conlleva.

El otro error de los contratistas del aeropuerto internacional estriba en creer que el capital bancario mundial puede imponerse directamente, sin mediar el Estado Político Nacional del caso y la parte  que le toca, formal y materialmente administrar, de la economía mundial; si no fuera así, ellos negociarían directamente la firma del TLCAN, algo que no hace ni puede hacer siquiera el Senado Norteamericano, para no ir más lejos y más arriba.

El Estado Político, como producto histórico del desarrollo de la burguesía es eso, ésta lo utiliza y se sirve de sus formas legislativas, del derecho mismo; pero hasta el mismo derecho por el que se rige un Estado, pasa por las representaciones de un constituyente permanente y del poder constituido en turno. Formalidades sí, pero con un contenido y un alcance al que hay que atenerse.

Para un Estado político cualquiera no hay actos consumados, unilaterales, o del modo que quiera denominárseles, al extremo que ninguno de sus actos y compromisos realizados sea irreversible; lo vemos en el mundo entero, de lado al lado y de un extremo a otro. ¿Qué pasó con Taiwán frente a China Continental? ¿Hubo intereses de contratistas de un extremo y otro, para determinar el curso histórico de esas relaciones? Sin duda que los hay todavía, pero tienen que seguir el flujo y reflujo de las relaciones internacionales de todo tipo y alcance.

Las consideraciones de los contratistas, que quieren imponer a todo trance, como si fuera camisa de fuerza el hecho del adelantamiento de la obra y el consecuente costo de la inversión fija en el aeropuerto, es algo que trasciende el alcance de los contratos y de los financiamientos. ¿Por qué? Porque con toda seguridad, esos contratos no les otorga vía libre, a discreción, para que se contraten cuantos créditos se necesiten y requieran para la obra, toda vez que los montos de los mismos conllevan un interés adicional, que incrementa la deuda del Estado Mexicano y no de los patrimonios del capital social de las propias empresas. Hubo quien, amparado en Pemex, exhibiendo un contrato ficticio pidió le entregaran 500 millones de dólares y los obtuvo.

Hay otra cuestión a dilucidar: ¿a través de qué dependencia se autorizaron dichos contratos? ¿Hubo o no tráfico de influencias para obtener los mismos y están determinados o no los capitales créditos a concertar y sus cuantías de manera discrecional o no?

Hay una infinidad de cuestiones a dilucidar, como para que el Estado Mexicano tuviera que doblar las manos por el actuar bajo la exigencia de un grupo de particulares y de los compromisos internacionales que hayan contraído por su cuenta. Vale más que le vayan bajando a sus exigencias, creyendo que el país y el Estado están a su merced, sólo porque son una parte fuerte, muy fuerte de la burguesía mexicana con sus socios capitalistas internos y externos. Hay toda suerte de abogados del diablo que satanizan al nuevo poder electo de México, pero a unos y a otros la historia los pondrá en su lugar. Al tiempo y las tergiversaciones caerán por su peso.    

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