Sabino Medina

COLUMNA INVITADA

Requiem por las cuencas políticas del Rio Lerma y Texcoco

El Río Lerma, bien podríamos considerarlo como el hermano menor del Río Danubio, que recorre diez países de Europa, desde la Selva Negra, donde nace en Alemania, hasta el Mar Negro.

El río Lerma tiene un recorrido aproximado de poco más de 700 kilómetros, hasta Chapala; en tanto el Danubio se extiende por más de 6 mil kilómetros y los caudales que lo alimentan son igualmente dispares, en consonancia con su extensión y los afluentes, deshielos que alimentan al segundo y no así al Río Lerma, cuyas aguas son devoradas por los drenajes urbanos e industriales que se le arrojan hasta su anegación actual, donde los torrentes pluviales se topan con el colesterol de las aguas negras que lo contaminan y lo obligan a desbordarse.

No por nada la política oligárquica de México entero y de las oligarquías locales se han nutrido de las rentas agrícolas y también industriales del Valle de Toluca y del resto de los municipios por donde corre el Río Lerma.

La historia no acaba de empezar, tampoco su análisis y narrativa; corre pareja con lo que pasa en El Lago de Texcoco y los negocios de la renta inmobiliaria que muchos se imaginan fabulosa, sin que lo sea para el país; de la misma manera que los 4 millones de metros cúbicos que por segundo se generan de esos nueve manantiales del “Chignahuapan” Lerma, como se le denominó por los naturales a este pequeño prodigioso Río Lerma que tanta renta originaria ha dado de sus antiguos cultivos y ahora a los negocios residenciales con que se erigió una de las oligarquías más poderosas de México y que hoy parece agonizar al igual que el Río Lerma.

El General Villada, gobernador porfirista, es uno de los políticos iluminados por las rentas del río Lerma y sus tierras; le siguieron otros muchos en grupo compacto hasta la fecha.

Don Isidro Fabela, padre del grupo Atlacomulco, enviado de Carranza a tratar no se sabe qué cosa con la Alemania de aquellos años; lo mismo que el doctor Gustavo Baz, zapatista de vocación y después alentador de esos grupos políticos locales, que precede al poderío de don Carlos Hank González y Jorge Jiménez Cantú, de Tianguistenco, saltándoles desde luego a don Alfredo del Mazo Vélez, “El Grande”, Secretario de Recursos Hidráulicos del gobierno de don Adolfo López Mateos, también de Atlacomulco al que le siguieron dos generaciones más de Del Mazo, antes de que el Río Lerma reventara ahora cargado de aguas negras sobre los moradores de sus riveras y lo que siga  después en la historia.

Se estima que salvar al río Lerma costaría alrededor de 70 mil millones de pesos. El aeropuerto de la Ciudad de México lleva gastados esos mismos dineros y puede costar tal vez el triple o cuatro veces más y todo mundo lo quiere salvar, al Lerma nadie.

¿Por qué se quiere salvar la continuación del aeropuerto de la ciudad de México, en Texcoco, y nadie hace caso de la recuperación del Río Lerma? Sencillamente, porque entre unas rentas inmobiliarias y otras, entre una cuenca y otra no hay punto de comparación; en el Río Lerma esos procesos están consumados, con el agua que surte al Distrito Federal y a sus propios centros urbanos, casi todos industriales y, en Texcoco, se sueña con otras rentas derivadas del crédito accionario de aquí y de allá y uno y mil absurdos para justificar una inversión especulativa y anticapitalista, si se mira desde el punto de vista de la apropiación de valor donde el capital dinero público que se va a tirar ahí, será el que genere las ganancias anticipadas de sus altos costos multiplicados algorísticamente y no de excedente alguno entre la inversión y el producto turístico de las agencias de viaje extranjeras que se aventuren a venir por aquí.

Parece que nadie imaginó, hasta ahora, que el Río Lerma se reventaría,  cargado de aguas negras, sobre sus habitantes; otro tanto pasa con el Río de los Remedios y sus hermanos más pequeños que corren del lado opuesto a Almoloya del Río y cuyas aguas van a dar al Golfo de México, uniéndose con los derramaderos de la Huasteca Potosina, para finalmente desembocar en el Río Panuco al Golfo de México. 

¿Y qué pasa con el enclave de poder político y administrativo de lo que fuera la Secretaría de Recursos Hidráulicos del gobierno mexicano, hoy revertido como las aguas negras de todos nuestros ríos en CONAGUA?

Un botín magnífico, díganlo si no la fortuna de cada uno de sus administradores, que han monopolizado y vendido, al mejor postor, lo que queda de esas aguas a lo largo y a lo ancho del país.

Pero la historia y la geografía de nuestro desarrollo no termina aquí, apenas estamos viviendo, como diría don Alfonso Reyes, las consecuencias de empezar un siglo XX y le sigue el XXI, cavando la última zanja en el vaso de Texcoco, en tanto se nos revienta la peste del drenaje del Río Lerma y la política nuestra del bajo imperio romano mexiquense  que parece no tener fin. Queda mucha agua en el tintero y en el subsuelo del Valle de México y sus aledaños. Pero, ¿Son distintas las cosas con el Usumacinta y el Grijalva, la tierra de AMLO? ¿O en los drenajes reventados del hermoso Puerto de Veracruz, ahogado en tumbas y en fraccionamientos desde Boca del Río a Medellín de Bravo y Cardel? ¿De dónde surgieron tantos y tan vastos capitales de la noche a la mañana? Analícense los presupuestos y la deuda pública estatales.

Yo le rezo todos los días un padre nuestro, como hizo Neruda, a don Narciso Bassols, de Tenango del Valle y a don Andrés Molina Enríquez, de Jilotepec y con ellos expreso: Padre Río Lerma que estás en los cielos, Padre Río Lerma ya muerto e insepulto; tras de ti van miles de ríos de este país nuestro hoy escriturados y privatizados.

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