Sabino Medina

DESDE LOS BALCONES

¿La UAQ, antitesis de un Estado de camarillas?

Las Universidades de México, para no referirnos a lo que sucede en el mundo, parecen encarnar, al contrario del Estado, una realidad social y política social concreta.

En teoría, el Estado es la realización del espíritu, entendido éste como el interés general que, dentro del mismo se identifica con los intereses privados. Esto último no lo dice quien esto escribe, sino en  la crítica a la filosofía del Estado de Hegel, siguiendo las ideas como lo sustancial y no los hechos reales concretos.

¿Cómo se refleja la malquerencia de los gobiernos locales y federales en contra de sus universidades en general y en particular? Otorgándoles presupuestos magros, raquíticos, limitados a lo más indispensable para su subsistencia y nulo desarrollo, pero no más.

La UNAM es el ejemplo mayor y de otra forma, instituciones como la Normal de Maestros y el Instituto Politécnico Nacional.

Se ha creído, equivocadamente, por parte de los gobiernos, que la UNIVERSIDAD y en general la Educación Pública, es un asunto que debe relegarse a los intereses privados de la clase en el poder.

Lo anterior nos lleva a la privatización de la enseñanza, en donde las clases populares se hallan en desventaja por no poder comprar y sufragar los costos de la educación, principalmente de la educación superior de la que son tutelares las universidades autónomas y no las privadas.

En la década de los 50 y 60 del siglo pasado, la UNAM apenas si rebasaba su matrícula en poca más de 50 mil estudiantes y era verdaderamente nacional, aun cuando ya los colegios particulares se aprovechaban ventajosamente, saturando  su matrícula.

Las Universidades Estatales Autónomas, constituyen una fuerza social y política y por eso no son bien miradas y aceptadas por los aparatos gubernamentales en turno; pero las Universidades son receptoras y transformadoras de la realidad en cada una de las entidades de la república.

Si sus autoridades autónomas, no se dejan manipular por la burocracia estatal de turno, son vistas y tratadas con recelo, cuando no hostilidad a través de maniobras visibles y ocultas para demeritar su vida interna y su trabajo.

La invasión a los recintos de enseñanza superior pública, se ha visto en Morelia, en el IPN, cuando su internado fue suprimido por la fuerza, lo mismo que la supresión de algunas normales rurales.

Los gobiernos van de paso y sus propios titulares se conducen con una ávida transitoriedad en el cargo.

Yo recuerdo, como un secretario general de gobierno en el Estado de Zacatecas, por ejemplo, era un prejuiciado crítico, enemigo interesado en demeritar la conducción del Rector de la UAZ, que había sido su contemporáneo de carrera.

Muchos políticos, casi todos, han podido escalar el poder, gracias a su investidura universitaria en las distintas carreras, desde la medicina hasta las ingenierías, por delante las licenciaturas en derecho y economía, hoy ya no tanto frente a los egresados de Harvard y el ITAM, en México.

Recientemente el gobierno de Querétaro hizo circular un material “informativo”, con el que pretendió evidenciar y cuestionar el manejo de los recursos económicos presupuestales de esta Institución, la UAQ.

No es una novedad este proceder, ya que desde hace algunos años viven incrustados en su estructura, algunas individualidades, pretendidas dirigencias sindicales facciosas, al servicio de un partido, el PAN, algo que el PRI no ha realizado, o al menos ha sabido practicarlo, no siempre, aterciopeladamente.

No viene al caso, en vísperas electorales, entrar en pormenores y en significados y significantes con ese propósito. Habrá tiempo y oportunidad para hacer un análisis histórico de estas relaciones visibles y ocultas entre algunas dependencias del aparato gubernamental del gobierno de don Francisco Domínguez Servién y la UAQ, y la sempiterna presencia y protagonismo anti universitario, de quien fuera nombrado por él, Secretario de Educación y con negros antecedentes como “golpista” de rectores

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