Sabino Medina

DESDE LOS BALCONES

En cada sexenio se embalsama la historia

Las convenciones o conveniencias políticas poco tienen que ver con la historia en general de un país y, menos, con los planteamientos del desarrollo de la economía propia y la mundial. Hoy ocupan la atención de la opinión pública dos cuestiones que parecen emergentes, pero que no son tanto: Esto es la Reforma Energética  y el debatido problema del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, que en realidad queda afecto en extensión al Valle de México, pero que por su costo y la especulación financiera a que haya  lugar, se tornó un asunto de relieve nacional e internacional.

¿A quién le asiste la razón, la razón histórica, desde el punto de vista de la economía política bien o mal entendida, entre quienes propugnan la realización de un proyecto u otro?

De entrada ambos proyectos tienen connotaciones faraónicas.

¿Por qué se dice lo anterior? Porque el volumen de capital fijo que se invierte en tales desarrollos, siendo de naturaleza distintas, sin embargo gravitarán sobre el PIB que se tenga o no en por lo menos diez años o más.

De un lado de uno de los proyectos en marcha, en este caso el aeropuerto de la ciudad de México, tardará en retornar ese capital a sus fuentes de financiamiento en por lo menos diez o más años, mientras habrán de pagarse intereses a esos más de 200 mil millones de capital y, acaso, el capital invertido privado y público, acaso jamás retorne y pase a beneficiar al capital mundial de mil maneras. Esto que se dice aconteció con las obras del Canal de Panamá y el de Suez, que se Trasaron dentro del ciclo al alza, Suez, del ciclo económico mundial dentro del capitalismo inglés. Entonces dominante a la par con Francia, en ambos casos, aunque el Canal de Panamá al final de cuentes cayera dentro de la esfera de Norteamérica quien lo comprara por 10 millones de dólares. Puede advertirse fácilmente que no se trata de un Parque Industrial, aunque en parte lo parezca, puesto que el gobierno mexicano expropio diez mil hectáreas, parte de ellas erializadas de sal y que buscan valorizar su renta. La Reforma Energética presenta otros rasgos igualmente desarrollistas y a expensas del imperialismo, puesto que para ello se inutilizó el vasto capital social acumulado a lo largo de décadas, se destruyó y socavó esa fuerza productiva en beneficio de renta y ganancias del capital petrolero mundial accionario.

No es lo mismo emprender una reforma energética cuando el precio del petróleo se halla en 100 dólares barril, que cuando su precio fluctúa entre 50 y 40 dólares y, además, la producción se realiza por cuenta del capital mundial y no por cuenta de la economía dependiente que posee ese recurso y la fuerza productiva

Diremos en resumen, haciendo abstracción de los detalles económico financiero que ambos proyectos entrañan.

Falta ocuparse de algo sobre lo que poco se ha puesto a discusión y al análisis de ambos proyectos; y ello es fundamental de cabo a rabo se quiera o no reconocer, se trata de lo siguiente: ¿De quién es la deuda contraída en uno u otro proyecto? ¿Es deuda a cargo se las empresas concesionarias o es deuda del país? Esto no está suficientemente explorado, pero en ambos casos funcionan las reglas, los parámetros del interés que regula el crédito internacional y nunca las reglas del país o de las empresas titulares de los contratos.

Descomunal inversión en uno o dos rubros de distinto calado económico, necesariamente tenderán a encarecer no sólo el crédito, sino los beneficios de ramas enteras de la industria y las distintas ramas comerciales.

Los defensores del petróleo y los partidarios de su enajenación al capital mundial, pierden de vista, casi siempre, esta confusión que padecen los desarrollistas nuestros, que ven en el capital mundial milagros que no ocurren, resultando que es tanto como ver la luna en el fondo del agua, sin advertir la diferencia entre una refracción de la luz y el fenómeno real distinto que se da entre lo observado de manera directa, pero indirecta también y el fenómeno cósmico astronómico de la materia luz que nos muestra el satélite aun cuando esa luz materia provenga del sol. Este es un aspecto del daltonismo capitalista que padecen casi todos los países sometidos bajo esta forma de la explotación y le ladramos a la corrupción como los perros de rancho en bola. QUEDAN LAGUNAS Y HUECOS INMENSOS EN TODO ESTO.

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